Graduación

Ese momento insoportable en que te das cuenta que realmente pensás lo que pensás. Que no es por una moda, ni por una pose, ni porque no tenés nada mejor que hacer, ni porque te fue mal en la vida, ni porque te da ninguna ventaja (ninguna en nada).

El susto que te da darte cuenta que realmente creés tanto en algo, que no vas a poder ni queriendo dejar de hacer todo lo que puedas, TODO, para que se vuelva lo más realidad posible.

Y la certeza de que ALGO te va a costar. Porque estas cosas se pagan.

Yo pensaba que se podía ir por la vida haciendo la plancha, un poco de esto, un rato de lo otro, si se complica me voy, me olvido, cambio. Y ahora me doy cuenta que no, que es verdad que se te revuelve el estómago cuando ves que pasan algunas cosas que pasan. No como a una señora respetable que dice “qué barbaridad” cuando ve que hay niños pidiendo y sigue tan pancha. Como de verdad. Como si cada una de las miles y miles de tragedias e injusticias que no querés oír más pero que tampoco querés ni podés ignorar fuera la misma, la única. Como si te hubieran pasado a vos, las que sí te pasaron y las que no, porque es lo mismo.

Y entonces entran todas esas frases que siempre dan un poco de vergüenza, que si sos capaz de sentir la injusticia blablabla contra cualquiera en cualquier lado blabllaba o que si nos tocan a una blablabl nos tocan a todas y todas esas. O eso de que lo personal es político. ESA. Esa es tan dolorosa e insoportablemente cierta que asusta. Porque cómo hacés para NO involucrarte personalmente con tu política ni políticamente con tu persona? No se puede. Es el problema que tenemos l@s que no comentamos cosas a lo cronista de internacionales, hablando sobre lo que le pasa a otra gente que no tienen ni idea. 

Por eso es imposible responder todo el tiempo a todo. Porque para nosotras, para mí, esto ES verdad. No me tengo que leer cinco tomos de teoría para saber que las mujeres no son gente, tengo que hacer un poquitito de memoria. 

Tengo que mirar lo que “gano” por mes, tengo que poner UNA frasecita medio rebelde en facebook y esperar las reacciones. Tengo que acompañar a una amiga al juzgado para que traten de evitar que el ex marido la mate y ver cómo le dicen que trate de no “darle motivos” al tipo. Tengo que cerrar los ojos y acordarme de todos los hombres y mujeres que me dijeron puta y loca, de cuánto odiaba a lgun@s de ell@s y de cuánto quería a otr@s, y de las circunstancias en que pasó eso. Tengo que ir a un hospital y oír cómo me hablan ” a ver maaaaadrrrrre”. Tengo que mirar para abajo y notar que el hecho de que no me veo como me veía a los 17 me duele.

Tengo que leer un diario: Abusada, maltratada, violada, quemada con ácido, muere en noche de bodas niña de 8 años, secuestrada, traficada, prostituida, pornificada, anorexia, dietas, la liberación es miley cyrus, baile del caño, se lo busca por puta, aborta= asesina, no aborta= se llena de hijos= hay que castrarla, la mata el novio el marido el ex marido la mata y después se mata él. 

Tengo que leer o escuchar los comentarios de mis compatriotas sobre cualquier noticia: algo habrá hecho es que esa es brava es una puta es una trepadora flor de víbora se hace la mosquita muerta esas son las peores bien que ella le dio pie bueno ahora que no se queje a todas les gusta hay mujeres que son mas machistas que los hombres las mujeres son las peores andá a saber cómo llegó hasta ahí, arrodillándose seguro es una loca esa es flor de puta cómo engordó esa tipa algo le pasa.

Tengo que admitir que no me animo a hablar de muchísimas cosas (aunque parezca que sí) porque me da miedo las consecuencias que pueda tener. Tengo que hacerme a la idea de que las personas a las que me voy a enfrentar no están en mi misma situación. No cargan con este peso, propio y ajeno, (porque esas personas no cargan con nadie más que con sus propios privilegios y sus propias agendas), no sienten ningún dolor, hablan porque les es fácil.

Son como drones. 

Resulta que me acabo de dar cuenta que peleo, peleamos, contra drones y que además lo hacemos desde la vulnerabilidad más total que viene con ser el orejón más último del último de todos los tarros.

Y así y todo, no puedo ni quiero hacer otra cosa. Porque está demasiado mal, hace demasiado tiempo y realmente quiero, realmente quiero, que ni mis hijas, ni las hijas de las otras yo que andan por ahí tengan jamás que andar escribiendo esta porquería o viviendo esta farsa, solo porque la realidad es demasiado, demasiado repugnante como para soportarla sin querer romper todo y hacer otra cosa.

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¿No intentes amarrarme, ni dominarme?

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Las mujeres “famosas” tienen más dinero que otras, más beneficios que otras, más privilegios que otras. Pero no hay entrega de premios, ni conciertos de MTV, ni romances con hijos de presidentes, ni coqueteos con Rihanna en videos estúpidos donde el flirteo entre mujeres pornificadas aparece como un incentivo para conquistar a algún tipejo rompecorazones que haga que esas mujeres puedan entender que no son ni cosas, ni propiedad, ni hijas eternas de ningún tipo. Porque este asunto del Patriarcado va mucho más allá de la billetera. Lo tenemos todas, desde las más pobres hasta las más millonarias, metido adentro de la cabeza. Y no se cura con “liberación sexual” en la que seguimos siendo el último orejón del último tarro de orejones en la diversión de nuestros machirulos de turno, del color, del partido, y del país que sea, ni “empoderamiento” ni nada de eso.

La cantante colombiana Shakira declaró recientemente, entre sonrisas, que su marido, el futbolista Hernán Piqué, “no la deja” protagonizar escenas con hombres para sus videoclips.

Ella dice que “no la deja” con la mayor naturalidad del mundo. Como si el marido fuera el padre, como si el marido fuera el dueño. Como si ella no fuera gente.

Y ahora viene la catarata de estupidez y misoginia sobre cómo las culpables de reproducir los esterotipos machistas somos las mujeres porque somos las que educamos a l@s hij@s, las que somos celosas y competitivas, y la chorrera de etcéteras que tenemos que fumarnos todo el tiempo cuando criticamos lo criticable. Sí, claro que somos nosotras. Por supuesto, ¡qué novedad! Eso no es lo que importa porque señalar eso es como señalar que un tipo al que le pegaron un tiro es un tarado porque sangra, y entonces cuando se muere desangrado es culpa de él. Lo que importa es que  a Shakira, como a vos y como a mí, se nos dice desde siempre que para sentirnos importantes, realizadas, gente, necesitamos la mirada, la aprobación y el interés de Otra Gente. Concretamente, de un tipo. Aunque el interés del tipo, como en este caso de Piqué, se manifieste en somenterla y controlarla. Como si dijera con orgullo “me quiere tanto que me dice lo que tengo que hacer y con quién”.

Todo muy bonito, muchas lentejuelas, pero Shakira está en una relación con un abusador. Que sonría mientras la abusa no lo hace menos abuso. Que las mismas nenas que gritan en sus conciertos porque quieren ser como ella vayan corriendo a ser como ella es un problema. Que las personas que critiquen estas declaraciones sumamente criticables enfocándose en lo “tonta” o “sumisa” que es ella también es un problema.

Que no veamos que esto, como las otras declaraciones, videos y frases de Shakira muestran que atrás de todo el maquillaje y las coreografías, lo que hay es una mujer tan sometida bajo el patriarcado capitalista como tu sobrina a la que el marido le pega o la hija de tu vecina que es prostituida en cualquier burdel de por ahí. No es lo mismo, por un tema de edades, educación, y nivel socioeconómico, clase, digamos, pero es igual.

Así que ya ves, no hay plata que te haga zafar. Hay que ir entendiendo lo más rápidamente posible que LAS MU-JE-RES SON GEN-TE. No se las mata, no se las viola, no se las “tutela”, no se las domina. No es relevante si ellas sonríen y cantan “No intentes amarrarme, ni dominarme” mientras son dominadas. De hecho, es lo más normal del mundo que sonrían y canten mientras son dominadas.