Con lo que hay

Aprender no aprendí casi nada. A lo sumo experimentaba, tomaba notas más o menos ordenadas, más o menos rigurosas, en mayor o menor grado de poner el cuerpito para anotarle adentro y encima,  acumulaba datos, como una “traga”, qué casualidad, tragaba y era devorada y consumida, a lo sumo me adaptaba, a lo sumo esquivaba, “con suerte” resilientando a pura cara de perra, pero aprender no creo que aprendiera mucho, porque no tenía marco, ni perspectiva, ni posibilidad de autoconciencia. Cuando aprendí a aprender,  aprendí que mujer quiere decir resistir y que nunca sabés de dónde van a venir los palos pero no podés no saber que van a venir.

 

Cuando aprendí a aprender, lo más importante que aprendí, o al menos lo más útil, es que los padres son los padres, que dios son los Padres, porque dios es macho y flor de droga dura, que macho quiere decir asfixia y que todas las certezas y estabilidades que nos gusta decir que tenemos son una trampa y que la única salida es la desafiliación, que parece una palabrita así nomás pero duele como sé que duele una cesárea con mala anestesia y como intuyo que debe doler arrancarme los dientes y hundírmelos  en la cara.

 

Lo único que aprendí es que la salida que tenemos las mujeres, la única entre tanto laberinto de mandato, dieta, eslógan, consigna, culpa y lavativa de culpa que ensucia más de lo que limpia, es desafiliarse de la familia, de la directora, del doctor, de la tele, de la fuerza política y del amor hetero-romántico que mata y hace matar.

 

Para desafiliarse, hay que saber cuál es el baile, conocer al enemigo, como se dice por ahí y tomar distancia. Hay que mirar más allá del tipo macanudo, de la cara de bueno de tu primo, del favor que te hizo no sé quién una vez y decir “no me agarrás más”; hay que irrumpir frenéticamente en todos los altares, romper todas las estatuas y robarse todos los diezmos ensangrentados.

 

Yo no sé cuál es la manera más indolora de hacer esto porque mi proceso no fue indoloro. Fue arremolinado, desprolijo, mugriento y tortuoso. Me hicieron el favor de romperme tanto que no tuve más remedio que aprender a escupir y patalear sin parar un segundo, hasta que llegó la epifanía y como diría cualquier imbécil hipócrita e idealista, construir “jardines desde la mierda” porque “todas las patadas en el culo empujan para adelante”. Reapropiame ésta.

 

Supongo que, siendo tan adictamante de definiciones, clasificaciones y categorías, tan entomóloga de mí misma y de todo lo que tuviera cerca, me era imposible ordenar a ciegas tanto dato duro, duro como el primer sopapo que me llevé de uno que tanto me quiso, duro como el inmediato desprecio post-coito de tanto grandinetti con ese botón de mierda, duro como el llanto ahogado de mis amigas que también se llevaron lindas piñas de esos que las querían tanto,  duro como el agujero de bala que un viudo furioso epitafió en la pared de la casa de la partera donde aborté a los diecisiete y donde alguna antes que yo entró pero no salió, duro como las inmundas campañas electoreras que el alma pronuncia que me enseñaron por las malas que votar también son los padres,  duro como el colgajo de un tío que una vez se pasó un poco de vivo en una siesta, duro como el asco que me dieron las pijas sordas y brutas que me taladraron la mente con versos mal rimados y me enredaron todas las palabras que tenía – juro que no tenía nada más, o que al menos no sabía que tenía nada más y que inclusive ahora, no creo que me quede mucho más que mis palabras- en el engrudo páginaspegadas que me chorrearon encima y adentro, casi siempre sin pedir permiso.

 

Ya no soy una nena y no se me cae ningún anillo por decir que no elegí, o que no elegí del todo. Ya sé que no soy una puta y siempre supe que no era una santa y tampoco se me cae ningún anillo por eso. Au contraire.  El Feminismo Radical not the fun kind se escupió la mano, la mezcló con barro y me lo refregó en la cara, como dicen que hizo el tipo ese que dicen los idiotas creyentes que era hijo de dios para hacer que un ciego pudiera ver; me dio los ojos y me dio un método; no será mucho, pero en tanto la libertad no existe, tampoco es poco. Si algo aprendí en estos años es que cocinás con lo que hay. Y para eso tenés que saber lo que hay.

 

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Mirá bien.

 

Hay mierda. Hay estamos en el horno. Hay acá nos salvamos todas o no se salva ninguna. Hay lucha en el barro y cría cuervos y te sacan el corazón y te lo muestran. Hay tocan a una y queman a otra y mutilan a otra y nadie los toca. Hay príncipe azul que te deja un ojo negro. Hay unamenos a cada rato. Hay dame plata que te saco grasa del culo y te la pongo en los labios. Hay te hago el favor y TE lavo los platos y TE co cuido los nenes. Hay también te los violo un poco pero la culpa es tuya porque sos la madre. Hay los hijos son la razón de vivir. Hay LGBTQEPD y política pública. Hay banderas y arcoiris pero no digas torta que queda feo. Hay Stonewall en HD pero dame matrimonio igualitario que yo también quiero la bendición del Estado y el bautismo de mis hijos diversos. Hay qué piba más salada pero cómo se victimiza. Hay los hijos son una bendición y traen un pan abajo del brazo y si no consigo trabajo qué les doy de comer además del pan retórico ese.

 

Hay si no te gustó por qué no denunciaste se nota que sos una trepadora. Hay lapidaciones diarias en los cuatro puntos cardinales. Hay no por favor no digas que somos víctimas porque tenemos que estar empoderadas. Hay taco aguja y taller postodo de silvestri y meme de moria. Hay perspectiva de género. Hay el patriarcado nos oprime a todxs. Hay antes eras una O genérico y ahora sos una equis de mierda. Hay ahora gritás pero cuando lo hiciste no llorabas. Hay a esa perra que tiró al bebé en un contenedor hay que coserle la concha. Hay vení putita como término cariñoso.  Hay vieja de mierda, loca de mierda, negra de mierda, puta de mierda. Hay pero mi novio por suerte es feminista.

 

Hay feministas que te cantan el ave maría vomitando mandatos de maternidad y posan arqueadas como espásticas en revistas de moda sentenciando que las mujeres son peores que los hombres. Hay feministas que no laburan con mujeres y que hacen monólogos feministas con chistes sobre su deseo oculto de tener pija para revolearla graciosamente. Hay te doy un consejo y una limosna y agradecé bien y hacé el favor de callarte la boca. Hay emaguátson y Splenda. Hay la ONU. Hay gárgaras de sororidad y especulación de outlet. Hay aborto clandestino con ley o sin ley que no se detenga. Hay tiran más que una yunta de bueyes y sin embargo entre bueyes no hay cornadas.

 

Hay me reivindico puta y mi concha lo disfruta en loop sonando de fondo en todas las piezas mugrientas donde arde rojo furioso el hombro de miles de niñas y mujeres donde todos los mediodías refriegan las caras asquerosas los puteros de turno antes de volver a los trabajos respetables con los que les pagan el colegio a las hijas y la bicicleta fija a las mujeres que también se compraron para poder controlar, usar y violar hasta que la muerte los separe. Hay y bueno si quieren ser vedettes huecas de mierda que se jodan. Hay nunca hubo rosas y no nos van a dar pan. Hay el peor enemigo de la mujer es el tabaco y vos lo votás y él te veta y todas haciendo molde y protestando prolijamente mientras marchan al ritmo del jingle de la fuerza política y la cúpula que te copula. Hay pero no todos los hombres son así. Hay a las ricas también las cascan. Hay bolsas de basura al costado de las rutas llenas de pedazos de vos si un día se te ocurrió decir que no o que ya no. Hay cicatrices. Hay miedo. Hay pánico. Hay malo conocido no me lo hagas dejar por favor. Hay por favor no me saques las rueditas de la bici que sin todo lo que aprendí en la facu y en la campaña electoral y en las respetables ONGs no sé qué soy.

 

Hay que desafiliarse.
Duele, pero menos que la muerte lenta y ciega del espejismo eterno.
Desafiliate antes que te mate.
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