Con lo que hay

Aprender no aprendí casi nada. A lo sumo experimentaba, tomaba notas más o menos ordenadas, más o menos rigurosas, en mayor o menor grado de poner el cuerpito para anotarle adentro y encima,  acumulaba datos, como una “traga”, qué casualidad, tragaba y era devorada y consumida, a lo sumo me adaptaba, a lo sumo esquivaba, “con suerte” resilientando a pura cara de perra, pero aprender no creo que aprendiera mucho, porque no tenía marco, ni perspectiva, ni posibilidad de autoconciencia. Cuando aprendí a aprender,  aprendí que mujer quiere decir resistir y que nunca sabés de dónde van a venir los palos pero no podés no saber que van a venir.

 

Cuando aprendí a aprender, lo más importante que aprendí, o al menos lo más útil, es que los padres son los padres, que dios son los Padres, porque dios es macho y flor de droga dura, que macho quiere decir asfixia y que todas las certezas y estabilidades que nos gusta decir que tenemos son una trampa y que la única salida es la desafiliación, que parece una palabrita así nomás pero duele como sé que duele una cesárea con mala anestesia y como intuyo que debe doler arrancarme los dientes y hundírmelos  en la cara.

 

Lo único que aprendí es que la salida que tenemos las mujeres, la única entre tanto laberinto de mandato, dieta, eslógan, consigna, culpa y lavativa de culpa que ensucia más de lo que limpia, es desafiliarse de la familia, de la directora, del doctor, de la tele, de la fuerza política y del amor hetero-romántico que mata y hace matar.

 

Para desafiliarse, hay que saber cuál es el baile, conocer al enemigo, como se dice por ahí y tomar distancia. Hay que mirar más allá del tipo macanudo, de la cara de bueno de tu primo, del favor que te hizo no sé quién una vez y decir “no me agarrás más”; hay que irrumpir frenéticamente en todos los altares, romper todas las estatuas y robarse todos los diezmos ensangrentados.

 

Yo no sé cuál es la manera más indolora de hacer esto porque mi proceso no fue indoloro. Fue arremolinado, desprolijo, mugriento y tortuoso. Me hicieron el favor de romperme tanto que no tuve más remedio que aprender a escupir y patalear sin parar un segundo, hasta que llegó la epifanía y como diría cualquier imbécil hipócrita e idealista, construir “jardines desde la mierda” porque “todas las patadas en el culo empujan para adelante”. Reapropiame ésta.

 

Supongo que, siendo tan adictamante de definiciones, clasificaciones y categorías, tan entomóloga de mí misma y de todo lo que tuviera cerca, me era imposible ordenar a ciegas tanto dato duro, duro como el primer sopapo que me llevé de uno que tanto me quiso, duro como el inmediato desprecio post-coito de tanto grandinetti con ese botón de mierda, duro como el llanto ahogado de mis amigas que también se llevaron lindas piñas de esos que las querían tanto,  duro como el agujero de bala que un viudo furioso epitafió en la pared de la casa de la partera donde aborté a los diecisiete y donde alguna antes que yo entró pero no salió, duro como las inmundas campañas electoreras que el alma pronuncia que me enseñaron por las malas que votar también son los padres,  duro como el colgajo de un tío que una vez se pasó un poco de vivo en una siesta, duro como el asco que me dieron las pijas sordas y brutas que me taladraron la mente con versos mal rimados y me enredaron todas las palabras que tenía – juro que no tenía nada más, o que al menos no sabía que tenía nada más y que inclusive ahora, no creo que me quede mucho más que mis palabras- en el engrudo páginaspegadas que me chorrearon encima y adentro, casi siempre sin pedir permiso.

 

Ya no soy una nena y no se me cae ningún anillo por decir que no elegí, o que no elegí del todo. Ya sé que no soy una puta y siempre supe que no era una santa y tampoco se me cae ningún anillo por eso. Au contraire.  El Feminismo Radical not the fun kind se escupió la mano, la mezcló con barro y me lo refregó en la cara, como dicen que hizo el tipo ese que dicen los idiotas creyentes que era hijo de dios para hacer que un ciego pudiera ver; me dio los ojos y me dio un método; no será mucho, pero en tanto la libertad no existe, tampoco es poco. Si algo aprendí en estos años es que cocinás con lo que hay. Y para eso tenés que saber lo que hay.

 

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Mirá bien.

 

Hay mierda. Hay estamos en el horno. Hay acá nos salvamos todas o no se salva ninguna. Hay lucha en el barro y cría cuervos y te sacan el corazón y te lo muestran. Hay tocan a una y queman a otra y mutilan a otra y nadie los toca. Hay príncipe azul que te deja un ojo negro. Hay unamenos a cada rato. Hay dame plata que te saco grasa del culo y te la pongo en los labios. Hay te hago el favor y TE lavo los platos y TE co cuido los nenes. Hay también te los violo un poco pero la culpa es tuya porque sos la madre. Hay los hijos son la razón de vivir. Hay LGBTQEPD y política pública. Hay banderas y arcoiris pero no digas torta que queda feo. Hay Stonewall en HD pero dame matrimonio igualitario que yo también quiero la bendición del Estado y el bautismo de mis hijos diversos. Hay qué piba más salada pero cómo se victimiza. Hay los hijos son una bendición y traen un pan abajo del brazo y si no consigo trabajo qué les doy de comer además del pan retórico ese.

 

Hay si no te gustó por qué no denunciaste se nota que sos una trepadora. Hay lapidaciones diarias en los cuatro puntos cardinales. Hay no por favor no digas que somos víctimas porque tenemos que estar empoderadas. Hay taco aguja y taller postodo de silvestri y meme de moria. Hay perspectiva de género. Hay el patriarcado nos oprime a todxs. Hay antes eras una O genérico y ahora sos una equis de mierda. Hay ahora gritás pero cuando lo hiciste no llorabas. Hay a esa perra que tiró al bebé en un contenedor hay que coserle la concha. Hay vení putita como término cariñoso.  Hay vieja de mierda, loca de mierda, negra de mierda, puta de mierda. Hay pero mi novio por suerte es feminista.

 

Hay feministas que te cantan el ave maría vomitando mandatos de maternidad y posan arqueadas como espásticas en revistas de moda sentenciando que las mujeres son peores que los hombres. Hay feministas que no laburan con mujeres y que hacen monólogos feministas con chistes sobre su deseo oculto de tener pija para revolearla graciosamente. Hay te doy un consejo y una limosna y agradecé bien y hacé el favor de callarte la boca. Hay emaguátson y Splenda. Hay la ONU. Hay gárgaras de sororidad y especulación de outlet. Hay aborto clandestino con ley o sin ley que no se detenga. Hay tiran más que una yunta de bueyes y sin embargo entre bueyes no hay cornadas.

 

Hay me reivindico puta y mi concha lo disfruta en loop sonando de fondo en todas las piezas mugrientas donde arde rojo furioso el hombro de miles de niñas y mujeres donde todos los mediodías refriegan las caras asquerosas los puteros de turno antes de volver a los trabajos respetables con los que les pagan el colegio a las hijas y la bicicleta fija a las mujeres que también se compraron para poder controlar, usar y violar hasta que la muerte los separe. Hay y bueno si quieren ser vedettes huecas de mierda que se jodan. Hay nunca hubo rosas y no nos van a dar pan. Hay el peor enemigo de la mujer es el tabaco y vos lo votás y él te veta y todas haciendo molde y protestando prolijamente mientras marchan al ritmo del jingle de la fuerza política y la cúpula que te copula. Hay pero no todos los hombres son así. Hay a las ricas también las cascan. Hay bolsas de basura al costado de las rutas llenas de pedazos de vos si un día se te ocurrió decir que no o que ya no. Hay cicatrices. Hay miedo. Hay pánico. Hay malo conocido no me lo hagas dejar por favor. Hay por favor no me saques las rueditas de la bici que sin todo lo que aprendí en la facu y en la campaña electoral y en las respetables ONGs no sé qué soy.

 

Hay que desafiliarse.
Duele, pero menos que la muerte lenta y ciega del espejismo eterno.
Desafiliate antes que te mate.
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no hay remate

hoy, 3 de junio, sí, #NiUnaMenos, qué bien, en fin, en una nueva (?) discusión de gente asustada porque la nueva agenda de derechos impulsada por Rockefeller, fabiana goyeneche y emaguátson logró imponer alguna medida o pedido de medida o mínima accioncita testimonial y casi costo cero que igual no sirve de mucho así que bien podríamos haber seguido como si nada, del mismo modo que no saltamos a gritar cada vez que vemos que bajan 10 tipos de una camioneta en una avenida a plantar cuatrocientas macetitas de mierda con unos plantines que duran dos semanas así que a las dos semanas zas, tienen que ir otra vez en lugar de comprar alguna planta que dure un poco y capaz hasta que sirva para algo en vez de esa porquería que solo se explica si resultara que el vivero donde compran los plantines es del hermano de alguien que cumple funciones en alguna parte, y no salimos a gritar porque ya sabemos que convivimos en un lugar de mucho maquillaje y de mucho remiendo y lo atamo con alambre y medidas con buena intención capaz pero mucha torpeza y eso PERO esto es diferente y esta vez no podemos seguir como si nada porque la medidita menor de la semana definitivamente evidencia que la Cheka de la corrección política va a conquistar el mundo, robarse los bebés y confiscar el whisky del planeta y cómo vamos a hacer sin nuestras putas me querés decir y en cualquier momento nos sacan las bolsas negras y dónde las vamos a tirar cuando les metamos catorce puñaladas porque estábamos tristes y enceguecidos de celos y amor, que al fin y al cabo son caras de lo mismo, leí a uno que preguntó dónde quedaba su derecho a ser facho, machista y reaccionario.
no hay remate.
es así.
y esos son los buenos. son los que tocan en las bandas que te gustan, los que escriben en los diarios que te gustan. no son los giles. no son los malos.
los tipos piensan que tienen derecho a pensar que somos basura.
ya no es que piensan que tienen razón y que somos basura o ya no importa, así que hay que dejar de intentar mostrarles que no somos basura, que somos gente, que en serio, si se ponen un poco las pilas con eso de la empatía van a ver que tá, que no somos tan horribles, porque no da que nos maten y eso. no importa.
piensan que es un derecho odiarnos.
piensan que hay un derecho a ser facho, machista y reaccionario.
así de corta.
¿sabés como suena adentro de la cabeza de ellos?
así.
“yo tengo derecho a pensar que sos inferior porque sos mujer”.
eso tienen en la cabeza.
no hay remate.
 
machismo es eso.
pretender que no lo hagan, que dejen de pensar que tienen derecho a detestarnos, o que si están decididos a hacerlo, al menos se alejen de nosotras y se nos hagan cada vez menos necesarios, o que nos dejen dejarlos parece bastante, bastante ingenuo.
 
desafiliate antes que te mate.

La soga es de género (8 de marzo)

Podría ser cualquiera porque en realidad son millones. Es un ejemplo cualquiera. De todos los ejemplos que todos los días rompen los ojos. Esta vez otra vez URUFARMA. Ahora usando la fecha en que se conmemora la lucha de cientos de mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia para vender unas pastillas más y volver a poner el foco en cualquier otra cosa menos en las mujeres; para que no olvidemos por qué es que hay un Día Internacional de la Mujer nos muestran que hasta en el día de la mujer hablan de varones. Como el año pasado.

Y otra vez desde la comodidad, y el lujo de ingenuidad que la comodidad regala, los aplausos y los pañuelos. Entendiendo todo mal. Feministas que festejan que las mujeres desaparecen del Día Internacional de la Mujer. ¿De qué te emocionás? Te venden la soga. No es una manera de decir. Te venden la soga con que los vas a colgar. Nada importa más, nada vale más, todo lo demás no importa y no es.

URUFARMA no representa la lucha de las mujeres por su liberación. No representa la convivencia justa, libre, entre varones y mujeres. Representa exactamente lo mismo que cualquier otra empresa de la industria farmacéutica que comercializa productos destinados a las mujeres. Venden anticonceptivos. Suponer que una empresa que vende anticonceptivos tiene algún aprecio por las mujeres es no saber lo que es una empresa ni lo que son y fueron los anticonceptivos. Y no tienen por qué ponerse a hilar tan fino que estamos hablando de algo muy básico, pero para la que quiera engancharse, podríamos pensar en la comercialización de anticonceptivos, a qué edades se empiezan a dar, cómo se le dice a las niñas que es bueno para su cutis, para su humor, para su regularidad, podríamos pensar qué hace eso con nuestros ciclos, con nuestras individualidades -todas tenemos que ser iguales de lindas todas con un humor aceptable igual todas relojitos, qué efectos tienen en nuestra salud, en nuestra fertilidad. Se podría pensar más cosas por el hecho de que justo se trate de un rubro tan pero tan ligado al control de la salud de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Pero no hace falta. Alcanza con imaginar que una empresa del rubro frigorífico hace un spot donde los humanos cuidan y aman a los lechones en su día y que asombrosamente, varios lechones dicen ay gracias qué lindo me emocioné.

Te venden la soga con que los vas a colgar. Y te venden la soga con la que te cuelgan a vos.

Son el capitalismo y son el patriarcado y le pagan a tres hipsters para hacer un spot que haga lagrimear de emoción a gente que se niega a ver la realidad -bastante más sucia, sudada, entreverada y rica-y prefiere simular una paz de cartón.

No es prolijita. No es limpita. No fue a facultad, no se portó mal de las formas en las que está bien portarse mal, no va a  Valizas, no le fue bien en todo, no tiene iPhone, no está cómoda, no es UnTecho, no es Splenda. Yo no digo que sea fea, o que sea solo fea. Pero no es este cuento infantil mal libretado que nos taladra con lugares comunes, correcciones políticas y declaraciones huecas con filtro de Instagram y sonrisas campaña electoral. Es rara, es enorme. Es dolorosísima y peligrosa, y tiene vueltas y planes B por todas partes. Es triste y muy injusta y tiene segundos de belleza pura y brillante tirados por ahí.

La realidad es que vivimos en un sistema que desde hace seis mil años subsiste sobre el lomo y las lágrimas y lamento que no es lindo hashtag pero también mucha sangre de mujeres fregando, pariendo, sangrando, llorando, sembrando, soportando y tejiendo mucho más que pisos y trapos y plantitas y semillitas que plantan los nenes adentro cuando nos quieren mucho y así se hacen los bebés.

Es invisible. Es invisible a voluntad. Es invisible subliminal. Parece que no existe, que es un cuento de dinosaurios. Ahora no pasan esas cosas. Ahora las mujeres hacen lo que quieren. Ahora los varones lavan los platos y toman tragos con sombrillita. Pero el año pasado, en este país donde vivimos 4GatosLocos, hubo c u a r e n t a varones que antes o después de hacer yoga vegano de buena conciencia y nueva masculinidad corresponsable   de los progresismos alegres del cambio cultural, asesinaron a una mujer que les dijo que no o que ya no.

Pero además de esos 40 que vos dirás son pocos,  centenas de niñas a 10 minutos del MacDonalds de 18 y Ejido son, fueron pero son porque pasa todos los días, porque es la realidad sin instagram, violadas y vendidas por padres, padrastros y madres desesperadas en menos de lo que cuesta el Starbucks que te encantaría tomar. Pero además de esos cientos, hay niñas y adolescentes que en un frenazo de una camioneta, o en una entrevista de trabajo que resultó ser algo más, son vertidas en las tuberías inmundas de las redes de trata que alimentan la violencia y depredación de las mujeres conocida como industria sexual que, como el sistema voraz que la formenta y sostiene, no tiene países ni religión ni ideología más que el lucro y el sometimiento de las mujeres como instrumento y objeto de placer, desahogo y depósito de violencias y frustraciones acumuladas.

Pero además de estas demasiadas historias de horror y muerte, el sistema patriarcal y heterocapitalista en que malvivimos, nos lastima de maneras más pequeñas y naturalizadas. Nadie se horroriza pero sabe que un altísimo porcentaje de adolescentes de nuestro país y probablemente de casi todos los demás, considera “normal” que los chicos le revisen el celular a sus novias, y que ocasionalmente o si ella le da motivos, un empujón o un grito está “justificado”.

Nos dicen ya no es necesario luchar porque los tiempos cambiaron pero las mujeres uruguayas todavía no podemos decidir ni en nuestra propia cama. Las chicas jóvenes sufren la invasión presentada como halago cada vez que salen a la calle y conviven con la tortura de los paradigmas heteropatriarcales de belleza que nos tienen traumadas y autohambreadas para poder ser cogibles pero que no tenemos que hacerlo por eso sino por “nosotras mismas”, para querernos. Porque a nosotras también nos enseñan a querernos mal, por los motivos más aburridos e imbéciles. Se nos enseña que los que se pelean se aman, que si te cela te quiere, que tenés que sonreír más, que si no sos loca y malcogida y que hay que ser una señora en su casa y una puta en la cama y hay que ser madre, sacrificada y orgullosa y también buena esposa, tolerante y compañera y también camionazo emputecido porque si no te humillan por puta te humillan por frígida y vos quedás dando vueltitas para ver cómo cumplir tanto mandato y no te da tiempo a pensar que lo mejor que podés hacer es desafiliarte. Tan adentro estás que no ves la realidad y te parece que elegís.

Es invisible y te perfora los ojos si llegás a ver un pedacito. Por cualquier rendijita que te hagan a vos o a alguien que conozcas, se te cuela realidad. Es un segundo. Es una piña, un empujón, un “callate tarada”, un trabajo que perdés porque no querés quedarte fuera de hora con tu jefe, un tío que te toquetea a la vuelta de la playa, una amiga que te llama con la voz quebrada para pedirte si se puede quedar en tu casa, una feminista que dice lo mismo que vos sentís aunque vivió en otro continente hace unas décadas. Pero tenés que mirar.

Tenés que mirar aunque no querés. Porque si no mirás bien,  te encandilás. Te confundís. Te mareás con actos oficiales y campañas de sensibilización livianas y políticas públicas. Te pensás que el problema no existe o que el problema sos vos. Te venden la soga. Te la forran de raso, de seda negra, de 50 sombras, de empoderamiento, de taco aguja. Te venden la soga y te ahorcan con la soga.

Y vos te emocionás. Porque la equidad de género. El lenguaje inclusivo. Y tan emocionada estás que ni te das cuenta que hasta por esta porquería se quejan. Que la misoginia de los varones y la misoginia internalizada de las mujeres es tal que hasta por reclamar las limosnas de acciones afirmativas y que tengan la decencia de nombrarte cuando te hablan te van a acusar de autoritaria, de peligrosa, de fascista. Te van a odiar igual que si sos separatista y ofrecés castraciones gratuitas para machos. Porque ya te odian. Los malos te odian y los buenos también. Son sensibles, concientizados, con perspectiva de género. Conmemoran el 8 de marzo. Pero solo muestran hombres. “Culpan a los hombres de los prejuicios machistas”. “Y al fin y al cabo quién los crío así”.

Y vos podrías explicar que responsabilizar a las mujeres de criar machistas es igual que responsabilizar a un obrero de contribuir con la riqueza del patrón. Podrás explicar que si ven lucha de clases y no le exigen a un trabajador reunirse en su sindicato con el jefe no deberían obligarte a compartir todos los espacios y toda tu vida con varones. Podrías explicar de todo. Pero terminás pidiendo perdón porque el spot que hace una empresa farmacéutica que lucra con la hiperheterosexualización de las mujeres, que se enriquece con tu cuerpo y que en el día en que vos recordás que las mujeres no somos cosas ni clientes ni esclavas y que podemos levantarnos y luchar y que alguna vez alguno nos va a querer encerrar y prender fuego, pero que la alternativa es rompernos las rodillas postrándonos al paraíso hetero-romántico del empoderamiento que suena re lindo y color arcoiris pero es una telita de mierda y apenas corrés el velo te das cuenta que es la misma misoginia de siempre, es injusto con la gran cantidad de hombres buenos que co-cuidan y respetan y son “más feministas que las mujeres”.

Terminás dando gracias por la perspectiva de género. Igual que con Femen, las Marchas de las Putas y cualquier otro movimiento que actúe sin haber comprendido que la liberación de las mujeres es el único objetivo del feminismo que vale la pena -porque todo lo demás tiende a la opresión de las mujeres y habíamos acordado que eso estaba mal-, y que da bien lo mismo si somos oprimidas en burka o arriba de un taco aguja y que autoviolarte , autopegarte, autoenloquecerte, autotorturarte, autopornificarte y autohumillarte no diluyen ni una gota la jerarquía que cargás encima del lomo y adentro del vientre, con lo que la del reapropie y el reempodere terminan siendo un desastre que va para atrás mientras vos pedaleás frenéticamente convencida de que vas para adelante.

Como dice Gail Dines, una marxista inglesa que a veces tiene algún punto de unión con el feminismo radical, el neoliberalismo le limó los colmillos al feminismo, le sacó los dientes, se los desafiló con estas boludeces de “luchas” individuales (un oximoron peor que “inteligencia militar”, de “cambios de mentalidad” de “si pensás positivo y estás empoderada nadie puede hacerte daño ” que además de ser patéticas excusas, son mentira porque el Patriarcado es un sistema y la opresión de las mujeres es estructural, es sistémica, está en la raíz. Y vos vas toda empoderada a decirle a tu marido que como es un borracho timbero y cagador lo vas a dejar y él -que no está empoderado sino que tiene poder- te tira nafta arriba y después se pega un tiro y ahí saltan todas las libfeministas  a hacer coreografias y las feministas profesionales a imprimir folletos en papel coteado y organizar simposios las académicas y todo el mundo convencido de que cada vez hay más feminismo, y vos fuiste a dejarlo en todo tu derecho, fuiste empoderada, re-emputecida reapropiada toda muy crá y ahora tenés un cartel con tu nombre en una marcha de Mujeres de Negro y yo te hice una plaquita con el número de muerta que sos para poner de foto de perfil y varias escribimos unos textitos muy conmovedores y capaz salimos un rato ala calle a gritar que nos están matando como moscas y lloramos y después volvemos a casa, empoderadas pero una menos y ahí nomás leemos que alguno dice que a los gritos no vamos a conseguir nada y que así no es y todas decimos que tiene razón porque esta es una lucha de todos porque el “Patriarcado nos oprime a todxs” (Querer crear conciencia feminista diciendo que el privilegiado sufre. Como decirle al patrón que el capitalismo no le conviene porque el dinero no hace la felicidad) y pedimos más disculpas,y  hacemos más concesiones, y nos horrorizamos de las mujeres que dicen que no, y las odiamos, como corresponde y nos concentramos en cómo hacer nuestra lucha más atractiva para nuestros opresores, a ver si así nos quieren un poco, y en abandonar espacios de mujeres por espacios mixtos y en performar igualdad en un mundo desigual.

Te venden la soga con la que te tapan la boca. Y vos te la ponés contenta, en nombre de la igualdad de género. Si la perspectiva de género implica decir exactamente las mismas cosas que los defensores de los derechos de los varones (masculinistas, MRAs, etc), que “los hombres sufren más porque matan y se matan más” y ese tipo de imbecilidades, quizás sea momento de separar entre “etiqueta linda para grillete viejo” y “feminismo”, que al final, la lucha por la liberación de las mujeres (sin la cual la igualdad que decís que querés no puede existir, salvo que sea igualdad al revés y quieran empezar a ser violados, traficados, asesinados por sus ex es y prostituídos como nosotras) es eso.

Te venden la soga para colgarte de la derecha y de la izquierda. (Todas las izquierdas) (Siempre). (Siempre).  Te venden 8 de marzo de flores y de bombones. Te venden talleres de maquillaje y sorteos de electrodomésticos. Te venden pastillas anticonceptivas y te venden buena conciencia. Te venden a vos.

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Te la venden de los dos lados. (foto original aquí)

Dejá de comprar. Desafiliate. El 8 de marzo es un día de lucha, es un día de conquista. Es un día feminista. De género, las cortinas. De varones, todo lo demás. Hoy no.

Hoy vos, hoy mujeres, hoy menstruación, hoy aborto, hoy Pan y Rosas, hoy Feminismo Radical, hoy separatismo, hoy Valerie, hoy mujeres incendiadas en la fábrica de camisas, hoy Flora, hoy mujeres iniciando la Revolución Rusa y hablando de amor libre y guarderías, hoy Simone, hoy Aleksandra, hoy abolicionismo, hoy niunamenos, hoy cuestionar la heterosexualidad como destino, hoy adiós amor romántico, hoy Andrea, hoy niputasnisantas, hoy todo lo que construimos y todo lo que nos fue robado, hoy lesbianismo político, hoy nuestros sueños, hoy nuestro deseo, hoy todo con A, cuerpa, besas, vida. Hoy las mujeres.

Tienen todos los demás días. Tienen todos los días desde hace 6000 años hasta hoy. Pero hoy no. Porque las sogas de género ahorcan igual. Porque hoy recordamos que seguimos luchando para vivir. Que seguimos hermosamente vivas, que seguimos dolorosamente unidas, que seguimos tercas y rabiosas, amándonos contra todas las reglas, que seguimos luchando por un mundo sin opresiones solas y mal acompañadas pero firmes. Que nos queremos vivas. Que nos queremos libres. Que somos mujeres. Que lo único que podemos ser es feministas o felpudos. Que no somos felpudos. Que las mujeres somos gente.

8 de marzo – Día de Lucha. (En Uruguay).

#MásFeminismoMenosMierda.

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Yo la tengo más oprimida que vos

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No puedo ni recomiendo a ninguna otra mujer andar ahora buscando casos de a uno. Pero así antes de tomarme un café y pensar se me ocurren un par de ejemplos útiles.

Hay 40 tipas de acá, de esta aldea tranquila y pacífica, que no estuvieron en “mejor situación” que nadie en 2015. Cuando tu ex te tira nafta encima, te teletransporta. No estás más en Uruguay. No sos más una mujer independiente. No existe tu título universitario, no existe el poema que escribiste, no existe lo que te dijo la maestra ni el clip del #niunamenos que pasaron en la tele. Estás en Afganistán, en Colombia, en Juárez, en un ómnibus en India. Estás rodeada de tiza.

A mí, por ejemplo. la primera vez que un noviete casi me mata (así de forma directa, la única, porque después de eso solo me llevé algún que otro bifecito, pero nada como para dar lástima en Juárez) fue en el Bowling de Carrasco, y fue otro Carrasquense, como yo era entonces, el que me levantó del piso agarrándome del cuello y dándome contra la pared. Éramos todOs chicOs bien.

A eso de los 4 añitos o un poco menos aprendí en una gran casona del centro de Carrasco que cuando tu marido te pega y en el forcejeo te rompe la ropa, lo que podés hacer para al menos aprovechar un poco es cortar el camisón que te rompió en cuadraditos y dejárselos en el cajoncito de la cocina así la empleada (que a veces defiende demasiado al marido con lo que da para sospechar que capaz el tipo también la tiene abajo de la pata porque se nota que es un tarado y ella lo defiende tanto igual) los puede usar para lustrar algún mueble. Otras lo que hacían era vivir en el gimnasio y adentro de una copa con una aceitunita para pasar la temporada de Juaridad legal y cristiana que es el matrimonio lo más groggy posible.

Pero no me gusta hacer estas explicaciones porque es estúpidamente evidente que no es lo mismo ser una chica bien que una nena pobre de 14 años que va al almacén en Juárez y un día en una esquina cualquiera la levantan unos turros que la encierran y torturan con saña mientras la filman (luego capaz la matan y capaz la filman otra vez porque mercado -lindo el capitalismo feminista- compra todo y cuanto más desagradable mejor) para venderle el video a unos japoneses (chetos) que cada tanto le dan a alguna japonesita que tengan a mano, o capaz lo pasan de fondo en algún burdel improvisado que en realidad es cárcel y los puteros que van todos los días lo saben porque ven y tocan y huelen y muerden y escupen los machucones que las mujeres semimuertas de ojos grises y opacos que miran como se mira un chocolate en una góndola del super tienen encima, que les dejaron o los capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo – de Uruguay o de Argentina o Ucrania o Paraguay donde las levantaron secuestradas o todas rotas, para venderlas a otros capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo- en Italia o Berlín, donde quizás los primeros dos meses mas o menos se esmeren en tratar de pedirle ayuda a sus violadores diarios, clientes capitalistas que las liberan dándoles plata por hundirles la pija en la tráquea y después ya no porque igual qué importa.

No. yo estoy sentada en mi casa, con un pote de yogur con cereales al costado. En la trincherita posmo de la interné. Ya sé eso. Pero alguien mucho más tonto que el señor o señora con mente de pene que me hace no preguntas en facebook puede darse cuenta rápidamente que no es concebible que el capitalismo se vuelva feminista. No existe. El capitalismo es suicida, sí, pero por otros motivos. Suicida así, no. El capitalismo como hizo desde que nació hace 15 minutos, no hace otra cosa que buscar más formas de acumular y “ganar”. Juegos del Hambre pero de verdad. Con las mujeres ya las ha cumplido casi todas porque como leemos en los diarios de hoy y de ayer y de la semana que viene, nos tiene como consumidoras Y como mercancías y como bolsa negra y como estadística.  Las esclavas más esclavizadas del capitalismo que puedan existir. También somos las esclavas más esclavizadas del anticapitalismo, porque seguimos siendo, con “cumbia, copeteo y lágrimas” o con Vodka y Prozac, las proletarias de los proletarios.

En las Olimpíadas de la Opresión, perdés siempre. No juegues.

 

Esto no es un genocidio.

En este mundo, todo se muere.
Las plantas, los animales, la gente. Las cosas también se mueren. Las cosas no son gente. Y también se mueren.
Pero a algunas -plantas, animales, gentes, cosas – las matan. Dentro de todo lo que se muere, está aquello que se muere porque se lo mata.Que es una manera distinta de morir. Es ser muerto.
Dentro de todo lo que se muere porque es muerto, está lo que es muerto por haber hecho algo que de alguna extraña manera provocara o justificara o al menos explicara esa muerte más fría que las otras muertes porque son muertes matadas por alguien. Y está lo que es muerto por el simple hecho de existir. Que se muera porque nació. 
Dentro de lo que se muere porque es muerto por el hecho de existir, una muerte mucho más fría que otras muertes, está lo que muere a manos de alguien desconocido, casi accidental, lejano, ajeno. Y está lo que es muerto por el hecho de existir y a mano de alguien cercano, íntimo, conocido. A veces también amado, cuidado, criado.
Cuando un tipo de estas muertes pasa mucho, a manos de la misma gente y al mismo grupo de seres, hay quien habla de epidemia, holocausto, genocidio.
Pero, aunque hoy las mujeres ya no tenemos nombres ni caras, y nos llamamos con números, como víctimas de una epidemia, como víctimas de un campo de concentración y exterminio, como víctimas de un genocidio; aunque vamos contando 24 mujeres víctimas de feminicidio en Uruguay en lo que va de 2015, cuando apenas hace unos meses cerramos el 2014 contando la víctima 28, aunque ya no sabemos cómo mostrar esa cuenta a todas las personas que no tienen como nosotras, los ojos rotos, la cara roja, y la memoria llena de esta cuenta miserable, no podemos decir que esto es un genocidio.
Porque genocidio refiere a gente que mata gente. Y si nos están matando así, es que las mujeres, para quienes nos matan (de martillo, de puñalada, de miedo o de silencio) no somos gente.
Y este no genocidio, este nogenticidio que está sucediendo no es una casualidad gigante, no es una desgracia accidental, no es un castigo de deidades supremas. Este nogenticidio que es el feminicidio es el final, el extremo, el destino, la versión más pura y genuina de un sistema en el que vivimos. Un sistema que fue hecho, por gente, como son hechas las muertes justificadas por ese sistema.
Se llama Patriarcado y es un sistema injusto. Es malo. Mata y hace matar. Se combina con y alimenta otros sistemas que también son injustos y malos, que también matan y también hacen matar.
Cambiar un sistema, romper un sistema es un asunto político.
El feminicidio es un problema político.

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Lo que no se quiere.

Los domingos de noche.

Los jueves de tardecita.

Antes del amanecer.

Después del fútbol.

Los lunes de mañana.

Después de una fiesta.

 

En bolsas de basura.

Al costado de una ruta.

En un baldío.

Cortadas en pedazos.

Con jirones de ropa.

En la cama.

En camisón.

En la puerta de la casa.

Delante de los hijos.

A la salida del trabajo.

 

Con un martillo.

Con un .38.

A puñaladas.

A golpes.

Con el arma de reglamento.

Con una cuerda.

Con una bolsa.

 

En un balneario.

En un asentamiento.

En un barrio residencial.

 

A una hija.

A una madre.

A una que estudia.

A una que dejó el liceo.

A una profesional.

A una que no fuma.

A una que mira Tinelli.

A una que no tiene tele.

A una que es virgen.

A una que se droga.

A una que come sanito.

A una que hace dieta.

A una que leyó 50 sombras.

A una que leyó a Sartre.

A una que es profesora.

A una que es jovencita.

A una que es anciana.

 

En cualquier día y en cualquier lugar.

En todas partes.

De todas las formas.

 

Por cualquier cosa.

Porque dijo que no.

Porque dijo que ya no más.

Porque se fue.

Porque se quiso ir.

Porque tenía un mensaje en el celular.

Porque nunca te quiso.

Porque te dejó de querer.

Porque te ama pero también se quiere amar a ella.

Porque quiso a otro.

 

Ni “por amor”, ni “por celos”, ni “por problemas de relacionamiento”.

Ni por “incompatibilidad de caracteres”, ni “crimen pasional”.

Si la querés así, la querés mal.

Si la queres así, no la querés.

No se puede matar a la mujer que viste desnuda, a la mujer que viste llorar, a la niña que viste crecer, a la madre que te parió.

No se puede matar a una persona que amás.

 

Se mata lo que no se quiere. Se mata insectos, yuyos, plagas. Se mata enemigos mortales. Se tira.

Se mata y se tira lo que no se quiere. Cosas. Cosas que no se quieren.

Se mata mujeres como cosas.

Las mujeres somos gente.

No somos cosas.

 

Estamos tapadas de cosas.

De mentiras, de prejuicios, de mitos.

Flacas, locas, putas, gordas, viejas.

Chusmas, taradas, trepadoras.

“Fuerte como el hormigón”.

“No te come ni el ácido”.

“Estás para el crimen”.

Para el crimen.

Ahogadas por las etiquetas que dicen que somos cosas.

Pero no somos cosas, ni mentiras, ni prejuicios, ni mitos.

Ni putas ni santas.

Somos gente.

 

“No puede ser”.

“Es una locura” “Era un enfermo”. “Es un horror, una barbaridad”.

“No puede ser”.

 

Pero es. Es a cada rato. Y empieza antes. Mucho antes de que pase.

Empieza cuando somos un chiste, un par de tetas, un agujero, un estorbo, una diversión, una esclava.

Empieza cuando no se quiere.

Empieza cuando en lugar de gente, somos cosas.

Cosas que no se quieren.

Cosas que se matan.

Los domingos de noche.

En bolsas de basura.

Con un martillo.

A una hija.

En cualquier día y en cualquier lugar.

Por cualquier cosa.pile-trash-bags-12122718