Tiria

Rabiosa y púrpura. Invadida, devastada. Condenada por edicto divino. Entomóloga de Machos y Versos. Personaje de ficción.

muestras prólogos vencidos

Dice: “No puede alcanzar ninguna literatura.
Se trataría de querer escribir lo que no se puede,
buscando a ver si es o no en el nombre y en la letra
donde puede estar la cosa. Bucle infinito y paradoja.
Una penosa tontería”.
En lápiz, un dibujo de un árbol lleno de ojos.

“Y sin embargo, en muchas ocasiones fue exactamente al revés. Una palabra cualquiera aparece en el reflejo de una manchita marrón acorralada por una pupila justo abajo del tubo de un farol y en el cruce perfecto de una esquina cualquiera explota el poema que encandila y no se ven las marcas de la literatura el diseño el montaje la fotografía la puesta”.
En mayúsculas, debajo:
the eye of the beholder.

“Yo mordí, y mordí fuerte, besos de ríos enteramente hechos de pura
y débil literatura, de letras, rayones, de nada. Nilísimos
de los nillares los conté yo también enteramente hechos
de nada ni letras siquiera ceros y unos formando la literatura que creó
la ilusión de la letra que te suspension of disbelief el ánima”.

Más abajo, tachado: “NO SIRVE PARA NADA”.

“No llega a nada.
Aparece, va apareciendo.
Fuerte a veces a borbotones de a poquitos
eléctricos o gotitas acuareladas.
No hay nada, pero aparece y empieza
a inventar cosas y a desenterrarlas. Pinta, saca una foto,
“me canta y yo le canto”,
vibra, me cuenta, va bailando remolinos va sonando.
Aturde. Encanta. Hasta que al final se dibuja, se termina,
nace. Se cierra. Y queda ahí
un grupito de palabras (¿que yo tenía?) que quedan
que están escritas
ahí”.

Una hoja con nombres y números. Fechas. Una tarjeta personal dibujada en la hoja. No hay nombre. En el cargo, dice: “Entomóloga de Machos y Versos”. A la derecha, un dibujo de una mariposa.

En azul:
“Tengo miedo de buscar entre todas las palabras, decirlas todas, comerlas todas, hacer vivir a todas las palabras y no encontrar ninguna para decir. No es que quiera escribir algo que nunca haya sido escrito, ni que nunca haya sido dicho o hecho de ninguna otra manera. No tiene nada que ver con las letras, no tiene que ver con Lo Escrito o Lo Escribible. No es algo que muestra cómo es otra cosa. No es un cuadro, no es la foto, no es la sinfonía, no es guitarra. Es un espejo al revés. Es la cosa que no se muestra, es el
debajo estoy yo
de la última inocencia”

¿Soy La Ficción, entonces?

Una persona que no inventó nadie y que hicieron todos, a su imagen y semejanza, alimentada por sonda con cosas que no son comida, hambreada a puro receta dura y pan viejo de plantillas y amor de poemas personalizables.

“Tuve tangos, al menos dos.
Tuve todos los poemas azules profesionales predecibles erráticos engañosos psicodélicos vanguardistas bohemios tímidos experimentales camuflados epistolares hechos de nada
cobardes. Me (los) hicieron. Ellos, demasiado ridículos para merecer literatura y demasiado macabros para ser simplemente escritos, me hicieron los poemas que no soy.
Me los sé de memoria. Me los aprendí. Creo que no quería.
Pero no sé cómo se sacan ni cómo se secan las letras que dibujan las cosas que no son nada”.

Una fila de estrellitas en el borde de la hoja.

Sola estoy en mis preguntas y después de tanta agua por fin me empiezo a acostumbrar a que esas ideas que se me estampan en las venas y que pulsan y laten y a veces estallan un poco cada vez que respiro y cada vez que me pregunto, son respuestas y también sola estoy en mis respuestas, que son los orgasmos que nos dan las preguntas cuando las amamos rico. se abre todo. corre aire. mirá como era al final, genial. qué lindo. se puede festejar. festejar un gol sola en un estadio vacío, horas después del partido y en silencio, con un gestito ahogado de alegría. al poco rato es una mueca. después no queda nada.

No era inevitable. no está en la lista que nadie hace de las cosas que pueden pasar y que serán indetenibles. que caen del cielo o del horror. que pasan y chau. no tenía por qué haber sido así. puedo imaginar seiscientos escenarios diferentes. dolorosamente podría hacerlo. a veces lo hago. casi todos los días lo hago. cualquiera de las tantas maneras en las que podría haber combinado mis preguntas con las respuestas con mis relaciones con mis alegrías y con mis deseos. podría cambiar los tiempos, las fechas, las rutinas, las personas, los detalles, las palabras y el orden de los factores. podría, dolorosamente, hacerlo. como consuelo falso de lo que podría haber sido hecho. de lo que se sabe ahora, con lo que se sabe ahora que siempre estuvo ahí, al alcance de la mano.

Usé la audacia y agoté la confianza en tantas otras cosas, deseos y preguntas y algún dato saqué, pero no creo que sea suficiente. Apenas podría escribir uno o dos capitulitos y ponerles adentro las dos o tres estupideces que aprendí sobre las tres o cuatro cosas insignificantes que se pueden conocer sobre la suerte y sobre la muerte.

la bitácora de las eurekas agridulces.

En la última página, en mayúsculas:

“PRÓLOGO”

 

 

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