Yo la tengo más oprimida que vos

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No puedo ni recomiendo a ninguna otra mujer andar ahora buscando casos de a uno. Pero así antes de tomarme un café y pensar se me ocurren un par de ejemplos útiles.

Hay 40 tipas de acá, de esta aldea tranquila y pacífica, que no estuvieron en “mejor situación” que nadie en 2015. Cuando tu ex te tira nafta encima, te teletransporta. No estás más en Uruguay. No sos más una mujer independiente. No existe tu título universitario, no existe el poema que escribiste, no existe lo que te dijo la maestra ni el clip del #niunamenos que pasaron en la tele. Estás en Afganistán, en Colombia, en Juárez, en un ómnibus en India. Estás rodeada de tiza.

A mí, por ejemplo. la primera vez que un noviete casi me mata (así de forma directa, la única, porque después de eso solo me llevé algún que otro bifecito, pero nada como para dar lástima en Juárez) fue en el Bowling de Carrasco, y fue otro Carrasquense, como yo era entonces, el que me levantó del piso agarrándome del cuello y dándome contra la pared. Éramos todOs chicOs bien.

A eso de los 4 añitos o un poco menos aprendí en una gran casona del centro de Carrasco que cuando tu marido te pega y en el forcejeo te rompe la ropa, lo que podés hacer para al menos aprovechar un poco es cortar el camisón que te rompió en cuadraditos y dejárselos en el cajoncito de la cocina así la empleada (que a veces defiende demasiado al marido con lo que da para sospechar que capaz el tipo también la tiene abajo de la pata porque se nota que es un tarado y ella lo defiende tanto igual) los puede usar para lustrar algún mueble. Otras lo que hacían era vivir en el gimnasio y adentro de una copa con una aceitunita para pasar la temporada de Juaridad legal y cristiana que es el matrimonio lo más groggy posible.

Pero no me gusta hacer estas explicaciones porque es estúpidamente evidente que no es lo mismo ser una chica bien que una nena pobre de 14 años que va al almacén en Juárez y un día en una esquina cualquiera la levantan unos turros que la encierran y torturan con saña mientras la filman (luego capaz la matan y capaz la filman otra vez porque mercado -lindo el capitalismo feminista- compra todo y cuanto más desagradable mejor) para venderle el video a unos japoneses (chetos) que cada tanto le dan a alguna japonesita que tengan a mano, o capaz lo pasan de fondo en algún burdel improvisado que en realidad es cárcel y los puteros que van todos los días lo saben porque ven y tocan y huelen y muerden y escupen los machucones que las mujeres semimuertas de ojos grises y opacos que miran como se mira un chocolate en una góndola del super tienen encima, que les dejaron o los capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo – de Uruguay o de Argentina o Ucrania o Paraguay donde las levantaron secuestradas o todas rotas, para venderlas a otros capitalistas con o sin perspectiva de género – que da bien lo mismo- en Italia o Berlín, donde quizás los primeros dos meses mas o menos se esmeren en tratar de pedirle ayuda a sus violadores diarios, clientes capitalistas que las liberan dándoles plata por hundirles la pija en la tráquea y después ya no porque igual qué importa.

No. yo estoy sentada en mi casa, con un pote de yogur con cereales al costado. En la trincherita posmo de la interné. Ya sé eso. Pero alguien mucho más tonto que el señor o señora con mente de pene que me hace no preguntas en facebook puede darse cuenta rápidamente que no es concebible que el capitalismo se vuelva feminista. No existe. El capitalismo es suicida, sí, pero por otros motivos. Suicida así, no. El capitalismo como hizo desde que nació hace 15 minutos, no hace otra cosa que buscar más formas de acumular y “ganar”. Juegos del Hambre pero de verdad. Con las mujeres ya las ha cumplido casi todas porque como leemos en los diarios de hoy y de ayer y de la semana que viene, nos tiene como consumidoras Y como mercancías y como bolsa negra y como estadística.  Las esclavas más esclavizadas del capitalismo que puedan existir. También somos las esclavas más esclavizadas del anticapitalismo, porque seguimos siendo, con “cumbia, copeteo y lágrimas” o con Vodka y Prozac, las proletarias de los proletarios.

En las Olimpíadas de la Opresión, perdés siempre. No juegues.

 

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CheLa Guevara

Yo estoy diciendo que si vos, yo, un señor marxista cualquiera, una troska linda, entendemos o llegamos a entender en algún momento que EN LA RAÍZ del problema está la opresión de las mujeres por parte de los varones, o en la “lucha de sexos” por plagiar un poco la fórmula, en ese mismo momento debemos hacer más que incorporarla como tema anexo, como comentario, como salvedad, como apéndice. El apéndice es la cosa que te cortan a la mierda cuando no saben por que te duele la panza. No le damos mucho valor, de verdad a lo que ponemos APARTE.

Lo bueno de las preguntas es que siempre hay más para hacer así que, visto así, como contribución a la búsqueda permanente, valen todas. Hoy leí una pregunta. Creo que era una pregunta. Ya saben, a veces parecen preguntas y no son, y a veces parecen una nadita y resulta que había una pregunta ahí tintineando como loca.

 

Creo que hoy leí que alguien preguntaba “por qué no avanzar en defensa de los derechos de las mujeres sin necesidad de esperar que renazca un Che Guevara versión femenina y lidere la madre de todas las revoluciones, que arrancará de cuajo todas las injusticias”.
Un Che Guevara versión femenina. Qué buena pregunta.Femenina no sé, porque femenino es más bien la construcción de la femineidad que sabemos que no refiere a nada, así que más que un che guevara con voladitos, una especie de Fabián Gianola del Che, esto se trataría más bien de un Che Guevara mujer, la CheLa Guevara.
Bueno, no.
femaleche
Tampoco.*
No veo tampoco en ningún lado la necesidad de esperar a ninguna CheLa Guevara. Justamente, estoy diciendo lo contrario. Que zafemos un poco del CheGuevarismo (estamos usando la marca “che” irónicamente un poco, no? ah ta), que hagamos esta otra cosa que no se hace con Ches Guevaras porque las mujeres no son “ches guevaras” (aun las recontra luchadoras, las heroínas, las mejores, las que decís “pero será posible que se haya muerto esta tipa y ahora qué mierda se hace me querés decir sí ya sé que nunca la vi pero la leí o la conocí o me enteré y me cambió todo”, esas tampoco son “cheGuevaras” porque la cosntrucción del mito/motivador/leyenda/referente/memorialoquesea de los Che Guevaras es intrínsecamente macho, machista y masculinista. Otro para la Bolten, salud y revolución y las mujeres a fregar para él también. No zafa ninguno, no sé para qué nos fijamos.

 

Justamente, digo que capaz en vez de dedicarnos a la revoluciónCheGuevaresca, arranquemos por otro lado. A nosotras nos caga siempre y además, en sí, a ella misma, a la revolución esa, la cagan a cada rato, cada vez que tienen una chance y tienen una chance onda una vez cada ciento y pico de años así que no da para andar errándole tanto, van y la cagan.

Y después vienen las contrarevoluciones, “los embates de las derechas” y esas cosas que les encanta decir y ahí las que siempre nos comemos una más, una doble, una peor, somos nosotras. Cada vez que algo que lideran los varones de izquierda fracasa (históricamente desoyendo o directamente ignorando a las mujeres de esos colectivos) , quienes más pierden como en todo, son quienes más tienen para perder.

 

Y entre ricos y pobres son los pobres (esa la sabemos todos porque es nuestra lucha “común”) y por eso cuando un malabortado con seis gramos de poder toma una decisión fachita de esas que siempre dan plata en un país de mierda cualquiera, como este, como todos, quienes más pagan los platos más rotos son quienes menos platos tienen, aunque los otros hayan perdido más cantidad de platos, porque si tenés un millón podés darte el lujo de perder quinientosmil y te juro que la llevás pero si tenés siete y perdés una gotita se te terminó la vida.

 

Y acá es lo mismo. Cada vez que las izquierdas porque no sé cómo mierda se llaman ahora los CheGuevaristas porque ya fue todo, operan y actúan y hacen y deshacen, si les sale mal (les está saliendo horrible en lo que importa, en el cheguevarismo, ponele, en la izquierdidad) las mujeres de los de ellos la vamos a pasar peor que ellos. De modo que cada vez que toman decisiones a lo cheguevaraloco nos cagan más la vida a nosotras. Con eso con lo que no tenemos nada que ver porque los que saben, los líderes, los ches, son tipos.
Y bueno, no tenemos donde decirles que así chicos, no está saliendo. O sea, supongo que saben que no estamos “tipo haciendo la revolución”, no? y nos gustaría decirles que entre otras cosas también bastante, mucho, tanto que vale la pena aunque sea probar y darle pelota que mirá si es nomás y vamos algún pasito de mierda para adelante y no como enfermos en la carrera demente lemmingera que es este sistema de mierda, es porque no nos dejan hacer, no nos dejan existir.

 

Nos tienen colaborando (colaborando es una palabra de mierda porque las mujeres metemos lomo, es verdad lo de las leonas, es verdad que aguantamos lo que no sabemos que es posible aguantar porque no sabemos que existe hasta que nos fracturó la frente y nos cayó encima y acá estamos, así que más que colaborando sería dejando la vida ahí pero tá) por “la causa común” la que no nos divide, la que nos une, ahí, a los dos juntitos, nos une a nosotras con la suela de ustedes aplastándonos la boca, y es difícil militar por nuestra causa común mientras tragamos cachos de tierra y pastito que traen pegados en el taco, escupiendo un poco)

 

Así que fijate, justamente yo no estoy diciendo que estaría bueno IMITAR el Cheguevarismo en versión femenina. Yo estoy diciendo que si vos, yo, un señor marxista cualquiera, una troska linda, una piba con la remera de Greenpeace entendemos o llegamos a entender en algún momento que EN LA RAÍZ del problema está la opresión de las mujeres por parte de los varones, o en la “lucha de sexos” por plagiar un poco la fórmula, en ese mismo momento debemos hacer más que incorporarla como tema anexo, como comentario, como salvedad, como apéndice. El apéndice es la cosa que te cortan a la mierda cuando no saben por que te duele la panza. No le damos mucho valor, de verdad a lo que ponemos APARTE.

 

Si agregamos una comisión de género, ponele. Un segmento del programa. Una mención antes de ir a la tanda. Una columna mensual. Un micro con las partes más importantes. Un lugar en la lista. Un asiento en la Comisión. Una cuota de mierda. ¿Eso arregla la cosa? ¿Eso arregló la cosa? ¿Eso alguna vez arreglará la cosa? Y bueno, la cosa de verdad, la enorme, la que está en la raiz no. Cierto.
Pero lo que pasa es que la que está en la raíz no la queremos atender. A algunos, a los que decidimos, a las que no nos animamos a mandar a los que decidimos a la mierda (los que decidimos en este nosotras tan amplio son los tipos), no nos gusta tratar el tema que está a la raíz.

Porque a la raíz del tema está que el HombreNuevo así como lo tienen armado para nosotras es el mismo pedazo de mierda inservible y asesino que ustedes creen que era el Hombre Viejo que este hermoso CheGuevarismo combatió, combate y combatirá, para no ganarle nunca, porque la revolución será feminista, o no será.
8 de Marzo013
No sé quiénes son Las Mantys pero tienen razón.
  • No sé tampoco quién puso a LizHurley (parece, no?) como CheLa pero no está mal de casting.

Rosas de Pan

A veces preguntan y a veces increpan y a veces dicen algo que suena como pregunta pero no es. Es amenaza. A veces es amenaza y a veces es burla y a veces es amenaza. Pero suena como pregunta. Cansan. A veces preguntan. Pocas. Preguntan cómo es bien esto que decimos del feminismo. Preguntan qué tiene que ver con ellos, si ellos también son explotados. Por el capitalismo. Preguntan que cómo vamos a hacer para no pasarnos “para el otro lado” con nuestros reclamos. Preguntan cómo vamos a hacer para no salir con el “maten a todos los machos”. Que machismo no, pero que “eso” tampoco.

Y no, ellos no le dirían a nadie “bueno, bueno, lo que pasa es que la explotación está mal pero tampoco la pavada. Plusvalía no, pero odiar a la burguesía tampoco. No le dirían a nadie eso. Salvo a nosotras. A nosotras, todos los días. Y todos los días cuidadosamente seleccionamos palabras y las armamos bien ordenadas, prolijas, claritas para responder. Me canso.
Hoy me preguntás “cómo se hace”. A mí me preguntás.

¡allí fue Troya!, (…) “¡emanciparse la mujer?”, “¿para qué?” “¡qué emancipación femenina ni que ocho rábanos!” “¡la nuestra”, “venga la nuestra primero”, y luego, cuando nosotros ‘los hombres’ estemos emancipados y seamos libres, allá veremos” (…) “¿No es verdad que es muy bonito tener una mujer a la que hablaréis de libertad, de anarquía, de igualdad, de revolución social, de sangre, de muerte, para que ésta (los crea) unos héroes (…) Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nosotras; doblemente esclavas de la sociedad y del hombre.

Virginia Bolten (1870-1960)

Sucede que me canso. A veces preguntan y a veces increpan y a veces dicen algo que suena como pregunta pero no es. Es amenaza. A veces es amenaza y a veces es burla y a veces es amenaza. Pero suena como pregunta. Cansan. A veces preguntan. Pocas. Preguntan cómo es bien esto que decimos del feminismo. Preguntan qué tiene que ver con ellos, si ellos también son explotados. Por el capitalismo. Preguntan que cómo vamos a hacer para no pasarnos “para el otro lado” con nuestros reclamos. Preguntan cómo vamos a hacer para no salir con el “maten a todos los machos”. Que machismo no, pero que “eso” tampoco.

Y no, ellos no le dirían a nadie “bueno, bueno, lo que pasa es que la explotación está mal pero tampoco la pavada. Plusvalía no, pero odiar a la burguesía tampoco. No le dirían a nadie eso. Salvo a nosotras. A nosotras, todos los días. Y todos los días cuidadosamente seleccionamos palabras y las armamos bien ordenadas, prolijas, claritas para responder. Me canso.

Hoy me preguntás “cómo se hace”. A mí me preguntás.

Vos la división, el corte, la jerarquía, la brecha entre clases la entendés clarito. Vos sabés que no es un tema de personalidades, que el problema con el burgués no es que él individualmente es antipático, que eso no importa, que si fuera un tipo simpaticón y chistoso igual sería un explotador. Vos sabés que aunque el tipo sea macanudo onda la leyenda del viejo de tienda inglesa que dicen que fue menos sorete que los de disco con sus empleados/explotados, el tipo igual es un privilegiado en un sistema que oprime a quienes no tienen nada más para vender que a ellos mismos.. Eso lo entendés reclarito.

Bueno, la cosa es así. Hay OTRO corte, otra división, otra jerarquía, otro sistema de clases (castas capaz? ya ni sé). Existe desde antes que la anterior, sostiene a la anterior porque descansa literal y metafóricamente SOBRE el cuerpo de estas segundas personas oprimidas, las doble oprimidas, “las proletarias de los proletarios”, porque estas son las que “fabrican” en la línea de ensamblaje del heteropatriarcado capitalista, a los próximos tipos que van a mandar, a los próximos tipos que van a ser explotados y a las próximas proletarias de los próximos proletarios, (porque a las ricas también las cascan), porque estas son las que también fabrican las otras cosas en las otras líneas de ensamblaje “de verdad”, las más precarias de todas, las más explotables y explotadas: las pedazos de carne que la industria sexual (el negocio que mueve más plata en el mundo después del narco/armas) mastica, desgarra y vomita todos los días a todas las horas en todos los países y en casi todas las clases sociales, pedazos deshumanados de no-niñas y no-mujeres que ya usó, ya rompió y ya tiró.

domesticlabor

Peor que ser el proletario es ser el proletario que además es el producto, la mercadería, la cosa. Sobre el cuerpo de las que enseñan a los nenes las reglas del sistema aun cuando esos nenes son privilegiados en ese sistema para pisotearlas, usarlas, gastarlas, de las que difunden la ideología del sistema que las ahoga, aun mientras las ahoga, (defensoras de instituciones de dominación como la familia, de conceptos como la propiedad, defensoras de la hoja que las guillotina, hijas, esposas y madres de la hoja que las guilotina). estas son las que mueren carbonizadas por querer dejar a su marido y estas son las que bancan las palizas de los grandes hombres de derecha y de izquierda que puertas adentro, son nuestro patrón.

Y todo este laburo, toda esta revolución, la tenemos que hacer solas, ADEMAS DE LA OTRA que realmente si nos vamos a poner estrictos, sería más lógico abordarla PRIMERO y no después de “la otra” (porque el feminismo es inherentemente opuesto a la opresión y explotación, por definición el feminismo es “de izquierda”, y en esto, la historia sabe y vos y yo también, que no hay viceversa) sin que además, se nos enojen ustedes, sin que nos caguen a palos, sin que se ofendan, sin que se depriman, sin dejarnos llevar por el odio “de clase” que en otras luchas reconocemos como necesario y justo, sin que PAREZCA que nos dejamos llevar por la rabia del oprimido.

izqdermachista

Así que es así. La nuestra es hacer la revolución pidiendo permiso con buenos modales. Imaginate. Ni idea tengo de cómo hacer. Ninguna idea. Pero el otro día vi una película remotamente inspirada en Virginia Bolten y la verdad que reconocí la angustia histórica esta. Clara Zetkin, la Bolten, Frida, otras de más acá en la historia, qué agotamiento. Qué estancamiento. Hace un par de siglos que venimos así. Ustedes que no entienden, que eso no importa, que nos divide, que el “género no importa”, que el juego a la derecha. Nosotras que en serio, que no sean malos, que cifras, citas, argumentos, datos, que ustedes saben que tenemos razón, que ustedes saben que somos sus proletarias, que ustedes no aceptarían las condiciones que nos exigen (grupos feministas mixtos=incluir al patrón en una asamblea, culpar a la mujer de criar machistas=culpar al obrero de defender a su patrón porque le hicieron crer que le “DA” trabajo, mil etcéteras) qué por qué ven capitalismo y no ven Patriarcado, que si ven y entienden y saben, entonces no pregunten, hagan. Vayan y hagan.

Hagan lo que saben que hay que hacer cuando se está en una posición de privilegio. Se traiciona. Se traiciona a su “clase” (varón) y se usa ese privilegio para la causa del oprimido. Vayan y faciliten, favorezcan, promuevan la liberación de las mujeres. De ustedes mismos primero, (si de verdad desarollaran conciencia verían que les corresponde hacer lo que puedan por contribuir a nuestra liberación, salvo que no tengan objeción moral con ser cómplices de explotación) y del resto después. De Tinelli, de la balanza, de la escuela de la publicidad, del patrón, del putero, del fiolo.
Si nuestra causa es justa, y si les interesa, faciliten nuestra lucha y mengüen, achíquense, desocupen un poco todos los espacios y todas las palabras y casi toda la literatura y toda la filosofía y todo el deseo y su construcción, desocupen un poco. Faciliten. No nos hagan a nosotras explicarles a ustedes que estamos cansadas de explicarnos a nosotras mismas de cuidar nenes de parir de dar la teta de trabajar de limpiar de torturarnos para ser más explotables y cogibles de vivir limitadas y censuradas y restringidas y controladas y endietadas y empastilladas y juzgadas y compradas y vendidas y que no damos más, miniaturas de rosas de pan, souvenirs lindos a la vista hechos de miga. De migajas hartas de esperar por el pan y por las rosas. Hartas de pedir. Hartas de aguantar. Hartas de tanto ruido. Hartas del zumbido, del murmullo, del susurro. Hartas de la cautela y la mesura y la paciencia. Hartas de La Pena. Cansadas. Walking around peor.

Febril la Mirada

Me gustaban las mujeres. No tenía demasiado construido qué quería decir pero lo sabía desde hacía rato. En realidad, lo que sabía desde hacía rato es que no veía nada de malo en la homosexualidad. Eso es lo único que sabía. Pero lo sabía desde muy chiquita, cuando todo es bueno o malo o sí o no. Sigo sin saber por qué, cómo lo aprendí y quién me lo enseñó. Como a los 10 años en un brote de excitación protoepifánica le dije a mi sobrina -también de 10 años –  “¡Pará! ¿Cómo sabemos que en realidad no es todo al revés y lo que está “bien” es que los varones estén con varones y las mujeres con mujeres?”. En minutos la lapidaria respuesta  “si fuera así, las personas nos extinguiríamos” zanjó el debate de pesado por más o menos una década.

10 años no es nada. Yo quería estar con Luna. En realidad estaba con Luna cuatro horas al día en el liceo, y casi todas las tardes (y noches) en su casa o la mía, y los fines de semana en algún boliche. Casi ininterrumpidamente. Desde que nos conocimos en la fila para anotarnos en el noble instituto Alfredo Vázquez Acevedo. Una mañana entera de charla mientras esperábamos en el patio y que suspendimos brevemente para ir hasta mi casa y volver a la tarde a retirar el comprobante de inscripción. Una tarde que pasó a ser una noche girando en los sillones de pana azul de mi padre como giraba el hielo en el vasito que tenía hielo y una madrugada en la que las dos dijimos que nos gustaban las mujeres,  en la que Luna me contó de Pamela y yo inventé una historia con un nombre que ni me acuerdo y en la que después de muchas vueltas y bastante hielo, confesamos qué nos pasaba cuando estábamos con hombres,  lo que nos dolían, cómo en el fondo sabíamos que no nos querían y cómo lo que más queríamos era que alguien nos acariciara la cabeza aunque lo que ellos más elogiaran de nosotras era que los “dejábamos con los ojos dados vuelta”. Al otro día nos inscribimos en Bachillerato y a los pocos meses, con una excusa cualquiera, estuvimos juntas. Y no cambió todo. De hecho, en realidad no cambió nada. Pero se sacudió todo.

Como un terremoto. Casi como un terremoto. Como el segundo antes de un terremoto. El mismo vértigo. Si “terremoto” fuera algo que te morís de ganas de hacer, claro.

Estuvimos juntas pero no estábamos solas. Capaz el problema fue eso. Nosotras queriendo escribir cuando en realidad éramos más bien bailarinas como las de las cajitas, dando vueltas y vueltas con música de otro, para que mire otro. No estábamos solas, pero a mí me parece que queríamos estar juntas. Ahora me parece. Ahora me parece que no nos animábamos a hacer lo que queríamos y que nos acomodamos, nos ajustamos, cocinamos con lo que había. No sé a ella,  a mí me parecía que había tiempo. Que eventualmente algo iba a pasar y eso que parecía una duda tan grande, se iba a resolver solo. Que nos íbamos a dar cuenta que nada nos gustaba más que ir juntas por la calle, sabiendo que estábamos juntas. Que al final de todas las vueltas de todas las noches de todos los hielos de todos los tipos, lo que más nos gustaba era abrazarnos, acariciarnos la cabeza y darnos besos.

Pero no pasó. Salieron otras cartas – de mazos de otra gente – y se deshizo el terremoto. Y sacudió tanto al deshacerse como había sacudido al hacerse. Solo que al final todo quedaba como antes. Como si nada. Hubo réplicas. Varias. Como en todos los terremotos. Cada tanto había algún nuevo movimiento. Reencuentros,  charlas,  algunas noches, algunos bailes y algunos besos. El mismo placer alegre, tan diferente del que conocía y que experimentaba con hombres,  mucho más oscuro,  mucho más mecánico,  mucho más incómodo. Los mismos orgasmos con sonrisas inmensas que encandilan para afuera y para adentro. Pero nada cambiaba El Orden de las Cosas. Ninguna de las réplicas movió tanto una tierra -ya llena de escombros- como para cambiar esas cartas.

El Orden de las Cosas estaba zanjado: Nos gustaban las mujeres. Me gustaban las mujeres. Había estado con mujeres. Habían sido mis mejores amigas. Me gustaba estar con ellas, besarlas, abrazarlas. Me gustaba caminar juntas. Extrañaba pieles, formas y olores y sobre todo, los tiempos de la sexualidad entre mujeres cuando no estaba con mujeres. Pero mis parejas,  mis compromisos,  mis “relaciones” eran con hombres. El sexo con mujeres era mucho más hermoso, más dulce, definitivamente más rico. Pero la atracción,  la pasión, La Literatura no estaba, no existía. Y a esa altura, yo no sabía si era aprendido o natural.  Los hombres nos odiaban y nosotras a ellos pero estábamos con hombres. No éramos lesbianas: nos gustaban las mujeres. Zanjado. Por unas décadas más.

20 años no es nada. Pero cambia todo. Mi pareja me había contado que durante un año entero Claudina le había confesado que yo le gustaba,  que me quería, que estaba enamorada de mí. Yo había estado con ella un par de veces, sin saber nada de esto. Pensando que querría probar o que sé yo. Pensando que a ella, como a mí, capaz le “gustaban las mujeres” aunque no era lesbiana. Habían pasado unos buenos diez años desde entonces. Habían pasado unos buenos diez años desde todo. Dos divorcios, tres hijos, mucho palo literal y metafórico. Nos encontramos, nos pusimos al día y pasamos la noche juntas. Y ahí sí, como si hubiera un tiempo mejor que otro para destrozarlo todo, vino el terremoto. Y esa vez, sí, cambió todo. Era momento de hacer algo.

Pensé y pensé y repasé y comparé y recordé. Me llevó bastante tiempo y mucho esfuerzo. Revisé todo. Lo que había entendido hasta ese momento por “atracción”, lo que se suponía que pasaba en una relación sexual, lo que yo no conocía pero sabía que tenía que existir. Lo que implicaba una relación con un hombre si se era mujer. Lo que era cambiable y corregible y arreglable y construible. Lo que no. Lo que era desigual y opresivo y humillante. Me puse a escribir. Me puse a recordar. Me puse a discutir. Y tomé una decisión. Lo decidí. Tranquila, confiada, contenta lo decidí. Hombres nunca más.

No sabía cuánto tiempo me iba a llevar sacarme sus marcas, sus cadenas disfrazadas de romance, sus manipulaciones. Es toda una institución. Es la institución donde se fabrica todo. Es donde nos nacen a esto. A este sistema, al patriarcado capitalista que nos vende cosas para que compremos y nos vende como cosas que compran otros. Pesa una tonelada. No sabía cuánto me iba a llevar pero sabía que no más. Y sabía que tenía que relacionarme con mujeres. Que tenía que conocer mujeres, mirar mujeres, hablar con mujeres, mirar películas sobre mujeres. Que tenía que romper el campo magnético ese que hacía que por más amigas que fuéramos, por más que hubiéramos intimado, nunca tuviera la misma intimidad, la misma confianza, el mismo vértigo con una mujer que con un hombre. A esa altura ya sabía que el campo magnético ese no tenía nada de “natural”. Que era un alambrado. Hecho. A propósito. Para que me quedara adentro de una cajita que cada vez que respirás, se achica así que o te vas ahogando o te vas ahogando adentro. Para que siguiéramos pensando que el destino inevitable de cualquier mujer es el velo, la panza, la teta, los platos. Y me dediqué a romperle un pedacito todos los días. A desafiliarme. De a pasitos. Hasta que un día, conocí a una mujer. Por internet. No por vecindad, ni por edad, ni por accidente, ni por estudio ni por trabajo. Fijamos una cita y nos encontramos.

Mi primera cita oficial con una mujer fue la mejor cita de toda mi vida. Duró 72 horas y sigue hasta mañana por lo menos, aunque espero que siga hasta que me muera. Me llevó 20 años. 20 años de tenerle miedo a La Mirada, miedo a mirar a una mujer como una mujer que mira – no como una nena que espera aprobación ni como una “femme fatale” que abajo del circo de seducción al gusto del mercado, también espera aprobación y que le acaricien la cabeza-, y miedo a ser mirada por una mujer de una forma tan ridículamente prohibida y escondida que se podría decir que no existe si no fuera porque la estoy vi(vi)endo. La mirada febril y deseante. La mirada tímida y compinche. La mirada genuina de los ojos más lindos del mundo en los que brilla todo y no tenés miedo nunca más.

Hace más de un año que comparto mi vida con una persona que puedo conocer, a la que puedo entender, a la que disfruto amar. Hace más de un año que se rompió el bloque yinyangdemierda amor=dolor. Hace más de un año que no siento que la cama es una mesa de examen. Hace más de un año que siento que la vida no es una mesa de examen. Hace más de un año que no entro ni a la cama ni a la vida calculando cómo voy a hacer para salir de ahí cuando se complique todo y yo tenga más para perder y menos tiempo para correr siempre.

Hace más de un año que, casi como Adán, lo que nombro, existe. Deseo. Placer. Amistad. Confianza. Yo.

Y yo creo que existe porque lo nombro con mis mismas palabras, con mi misma fuerza, con mis mismos ritmos, con mi mismo idioma, mirando la misma mirada. La mirada que es un continuo – o así me lo parece al menos desde el centro mismo del remolino. La mirada que me nombra y cuando me nombra, me crea, me inventa, me hace.

Me nombra viva. (Ni sumisa ni amoldada ni adaptada ni afiliada ni ninguna otra palabra muerta).

Me nombra mujer. (Sin adornitos ni voladitos ni contratos transaccionales ni disecciones pornetas que me dividen en partes anatómicas, metonimias de mierda).

Me nombra lesbiana.

dancing-in-the-street

Irrompible

Estoy rota.

Sí.

Capaz.

Un poco.

Muchos muchos.

Capaz.

Pero no estoy vacía.


No desaparecí.

No estoy desperdiciada.

No soy – no es –

un desperdicio.

No estoy vacía.

Lo que haya

lo que quede

lo que sea que soy

todavía late

a veces hasta me parece

que brilla un poco

que lo veo

que se ve ahí

brillando

que rompe los ojos

de todos los mundos.

Y es con eso

con lo que brilla

con lo que queda

con lo que no está roto

con lo que nace

y sigue naciendo

Es con lo irrompible

que te busco

que te miro

que te amo.

brokenbutterfly

Basuro Hipócrito

Lapidación. Todos tirando la primera piedra.
Lapidación.
Todos tirando la primera piedra.

A veces nos enteramos de que se mueren bebes, o de que casi se mueren, o de que se abandonan. Y aunque es obvio que no amamos a nadie, y mucho menos a los bebes (y dentro de “los bebes”, mucho menos a las bebas) cuando nos enteramos de algo así nos indignamos y nos horrorizamos.  No siempre y no siempre igual. Nos indignamos y nos horrorizamos mucho más cuando esos niños son abandonados por sus madres. En la calle, en un contenedor, al lado de una perra de la calle que le da de mamar al bebé mientras ella está tirada en el piso.

La gente con mente de pene – de ambos sexos – se indigna, se horroriza y hace lo que hace mejor cuando se indigna y horroriza, que es odiar, con el odio barato de outlet cheto que odia esta gente, que ni odiar odia bien. ODIAMOS a la madre, ¿verdad? Ella es la verdadera “perra”, es la “puta” que no merece vivir. La “hija de puta” que habría que matar y torturar un poco antes. La odiamos. No sabemos quién es, no sabemos si hubo un padre que la violó, un novio que la vendió, un amigovio que la proxeneteó, una madre alcóholica también cagada a palos por su machodueño, no sabemos si tiene esquizofrenia ni ninguna otra cosa, buena o mala sobre ella. Sabemos que estaba ahí en esa situación.

Pero la odiamos, la odiamos con toda la moralina que sabemos que hay tener y que defendemos aún cuando sabemos que no la cumplimos y que aún cuando la cumplimos porque la defendemos, podemos hacer algo por fuera de ella y que l@s linchados vamos a ser nosotr@s. Esto quiere decir que aceptamos el linchamiento de cualquiera que rompa unas reglas que aceptamos que sean más importantes que otras. Porque alguien rompió una ley que si no existe tiene que existir, y que seguro existe antes de esto. Alguien rompió una ley si esa madre fue maltratada, abusada, violada, excluida, torturada, vendida, alquilada, violentada, empobrecida, desempleada, dopada, desahuciada, desalojada.  Alguien rompió una ley si la única persona en el Universo responsable de la vida de ese bebé es UNA mujer en un sistema anti-mujer.

Porque no anda lo de la partenogénesis. Este hijo lo hizo un hombre también. Un hombre del que tampoco sabemos nada pero al que perdonamos o condenamos muy levemente, como para cumplir, aceptando un orden natural donde los hombres son hombres pero las mujeres somos madres. Un orden natural en el que el macho abandona la cría que queda al cuidado de la madre, como en el Discovery. Nadie se pregunta si el padre se fue porque es un nene bien que se cogió a una chica que luego tiró como basura, si era un proxeneta, si le pegaba, si la violó. Nadie se pregunta eso. Nadie se pregunta nada. No hay dudas: ella rompió la Regla Superior, la que no se puede romper nunca. La que SOLO se aplica a las mujeres. La ley que no es igual para todos que dice que lo peor que puede hacer un ser humano es hacer algo CONTRA su cría.  La ley más importante de todas la rompió una mujer.

Los otros rompieron muchas leyes también. Pero a esos no los odiamos. A esos no hay que matarlos.  Hay que matarla a ella.

Ella es una “perra”, una “puta”. Ella es la mujer.

Somos un basuro hipócrito.

El padre es una puta, el padre es una perra, el padre es un cobarde que no estaba ahí porque podía no estar ahí, porque la última esclava, la última responsable, la que va a poner el cuerpo – desde el instante en que saca la pija cansada y muerta de adentro de ella hasta que ella se muera- si lo aborta, si lo tiene, si es cesárea, si es innecesárea, si lo bautiza, si no, si se enferma, si se mata, si se muere, si lo educa, si lo deseduca, si lo quiere, si lo mantiene, si no lo mantiene, si le da la teta, si deja de trabajar, si no deja de trabajar, si el nene cuando crece viola, mata, roba, embaraza mujeres y las deja tiradas y ellas terminan borrachas en la calle mientras una perra le da de mamar al nieto… en todos esos casos, la que va a poner el cuerpo, la que va a pagar todos los precios, es ella.

Y como está ella, que va a pagar el precio, la que va a ser la puta y la perra que hay que matar, él puede no estar. Todos podemos no estar. Todos los que sabemos que esto puede ser así, todos los que trabajan en lugares donde se ve y se sabe esto, todos los que gobiernan en lugares donde se ve y se sabe esto, todos los perras, todos los putas que hay que matar que somos, podemos no estar.

Porque al final, cuando decimos que una mujer es una perra lo que queremos decir es otra cosa, pero sabemos que humilla más, que duele más, que mata más decir “perra”. Queremos decir  egoísta, ambiciosa, segura, cogible, cogedora, mala.

Porque desde el principio, cuando decimos que una mujer es una puta lo que queremos decir es otra cosa, pero sabemos que humilla más, que duele más, que mata más decir “puta”. Queremos decir gorda, vieja, rubia, torta, promiscua, hedonista, idiota, egoísta, ambiciosa, segura, cogible, cogedora,”friendzonadora”,  mala.

Y casi todos, a veces, muchas, pocas o todas, somos algo de eso. Pero decimos perra y puta. A ella. A nosotras, las personas con mente de pene de ambos sexos, no.

Nosotros somos los buenos.

Esto no es un genocidio.

En este mundo, todo se muere.
Las plantas, los animales, la gente. Las cosas también se mueren. Las cosas no son gente. Y también se mueren.
Pero a algunas -plantas, animales, gentes, cosas – las matan. Dentro de todo lo que se muere, está aquello que se muere porque se lo mata.Que es una manera distinta de morir. Es ser muerto.
Dentro de todo lo que se muere porque es muerto, está lo que es muerto por haber hecho algo que de alguna extraña manera provocara o justificara o al menos explicara esa muerte más fría que las otras muertes porque son muertes matadas por alguien. Y está lo que es muerto por el simple hecho de existir. Que se muera porque nació. 
Dentro de lo que se muere porque es muerto por el hecho de existir, una muerte mucho más fría que otras muertes, está lo que muere a manos de alguien desconocido, casi accidental, lejano, ajeno. Y está lo que es muerto por el hecho de existir y a mano de alguien cercano, íntimo, conocido. A veces también amado, cuidado, criado.
Cuando un tipo de estas muertes pasa mucho, a manos de la misma gente y al mismo grupo de seres, hay quien habla de epidemia, holocausto, genocidio.
Pero, aunque hoy las mujeres ya no tenemos nombres ni caras, y nos llamamos con números, como víctimas de una epidemia, como víctimas de un campo de concentración y exterminio, como víctimas de un genocidio; aunque vamos contando 24 mujeres víctimas de feminicidio en Uruguay en lo que va de 2015, cuando apenas hace unos meses cerramos el 2014 contando la víctima 28, aunque ya no sabemos cómo mostrar esa cuenta a todas las personas que no tienen como nosotras, los ojos rotos, la cara roja, y la memoria llena de esta cuenta miserable, no podemos decir que esto es un genocidio.
Porque genocidio refiere a gente que mata gente. Y si nos están matando así, es que las mujeres, para quienes nos matan (de martillo, de puñalada, de miedo o de silencio) no somos gente.
Y este no genocidio, este nogenticidio que está sucediendo no es una casualidad gigante, no es una desgracia accidental, no es un castigo de deidades supremas. Este nogenticidio que es el feminicidio es el final, el extremo, el destino, la versión más pura y genuina de un sistema en el que vivimos. Un sistema que fue hecho, por gente, como son hechas las muertes justificadas por ese sistema.
Se llama Patriarcado y es un sistema injusto. Es malo. Mata y hace matar. Se combina con y alimenta otros sistemas que también son injustos y malos, que también matan y también hacen matar.
Cambiar un sistema, romper un sistema es un asunto político.
El feminicidio es un problema político.

04-china-corpse-brides

12.45 a 13.15 Madre

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Viandas túnicas mochilas deberes.
Además de la vida personal.

(Estoy hablando del trabajo ese que hay que decir que no es un trabajo sino una bendición).
Todos los días viandas túnicas mochilas deberes.
Y después el viaje.

Tres moñas tres mochilas tres botellas de agua helada
que se caen
ruedan en el piso del ómnibus
se caen las monedas
se manchan la túnica con un sandwich

siempre suena el celular
grita uno otra llora otra pone cara de pasar vergüenza
la gente
te mira se hace la que no mira te mira y te opina
alguna gente te opina
“controle a ese chiquilín”
“vení, controlalo vos si podés”
pero no le digo eso.

Le digo “ay, sí, perdón, están bravos hoy”.
(Hoy.
Están bravos.
Son bravos.
Hoy.
Cualquier día).

Y después la escuela.
Buen día con una i larguísima como haciendo que me río,
sonrío
(Me obliga a sonreír porque es una i)
a todas las madres
a las vecinas
a la dueña de la casa quemada
a las maestras.
todas me miran

mezcla de condena moral con lástima
como si el “tsk tsk” de su desaprobación sonara tan fuerte en sus cabezas que lo oigo retumbar en las paredes del patio
aunque ninguna me dice nada.

A veces alguna me dice algo.
Algo que está mal.
Siempre algo está mal.
Sólo te sonríen “tenés un momentito”
para decirte que algo está mal.

Si no es algo que está mal, es una complicación.
Hay un paseo, una cuota de materiales, una jornada, un proyecto sobre volcanes.
Algo más que tengo que hacer.

Si no, es algo que está mal.
Uno de mis hijos.
Los dos.
Los tres.
Depende del día.

Te dicen
y después te miran

mezcla de condena moral con lástima
con el “yo lamento mucho todo lo que te pasa pero esto es una escuela” que no me dice nadie
pero yo oigo retumbar en las paredes del patio.

Los dejo ahí
(por tres horas cuarenta y cinco quedan ahí)
y trato de olvidarme
para poder acordarme de otras listas
de cosas iguales a las viandas mochilas deberes
pero de grandes
que también tengo que hacer.

Y siempre en el mismo semáforo pienso
bajito, no pienso como para que retumbe en las paredes del patio
pienso bajito
“y si me tiro”
y cierro los ojos
y oigo los autos y los buses y las motos que pasan y zumban
y los abro
y no me tiro.

No la tiro
a ella
a la que carga con túnicas viandas mochilas
además de la vida personal
(porque yo no estoy ahí
estoy ahí pero no soy ahí
no sé dónde soy
capaz en ningún lado
pero no ahí)

No me tiro
y cierro los ojos
y oigo los autos y los buses y las motos
que pasan y zumban
y pienso
bajito, no como para que retumbe en los patios de la escuela
pienso bajito
que capaz
como los autos y los buses y las motos
que pasan y zumban
capaz un día
esto también pasa y zumba
hace rrrrrrrrrrrrummm
y se va.

Y los abro. A las 13.15.
Los abro.
Y sigo.

No existe.

Yo no quiero estar acá.

No quiero ver lo que veo, ni oír lo que oigo. No quiero hacer lo que tengo que hacer y no puedo. No quiero no poder hacer nada de lo que quiero hacer.

No quiero tener mis recuerdos. No los quiero más.

No quiero buscar consuelo en la idea de que habemos muchas como yo no queriendo vivir lo que vivimos. No quiero buscar consuelo en algo que es solo desolación.

No quiero tener mis miedos. No los quiero más.

Yo me quiero ir lejos a un lugar que no existe.

rota

Cirugía Cardiovascular

Me acuerdo de todas las veces

que me rompiste el corazón.

De todas.

Vos dirás
deben ser haber sido pocas
pero no
no es por eso
que me acuerdo de todas las veces
que dije morirse es esto.

Me acuerdo porque
me acuerdo de cómo se siente
porque siempre se siente igual.

Siempre es primero
una alegría
una esperanza
una certeza

y de golpe
blac
no era
era mentira
entendí mal
entendiste y
yo entendí mal.

Y se me rompe
no suena
no hace ruido
no hay ruido
se va
se rompe
y hace plick
zzzz
nada

y me doy cuenta
que se rompió
porque no hace
no suena
no hace ruido
no late

y entonces
por un segundo
o unos días
3258 horas
por un segundo

me toca vivir
sin el corazón

(y me hablás y como si nada
ahora como si nada te contesto
como si no me muriera
como si no me muriera ahora
como si no me muriera

pero tampoco
te miento
ni me río como me río
cuando digo que no pasa nada
que no es nada
que nada


y no me río
como hacía antes
cuando hacía eso antes
porque pensaba porque creía que si veían
si te veían
si veían que peleabas que no te rendías

porque creía que importaba eso)

sin el corazón
no
me importa
no
me asusta
sin el corazón
no

porque juré me juré dije
dije todas las veces
no
no más.

Es mi corazón
y yo lo quiero
y estaba
roto
muerto
no andaba

Bloqueo de la función eléctrica

es algo que se apaga el corazón
va
se apaga
solo se apaga

porque no puede

porque no quiere 

porque no puede

y no es de golpe va pasando se va apagando va no pudiendo no queriendo no pudiendo
se va rompiendo
y después sigue
igual.

Y hay uno
dos
cuarenta y dos
tarados
Grandes Hombres
genios
buenos tipos
Profesionales
gentes que saben lo que hacen
que ayudan gente
que salvan vidas
salvadores

hay Salvadores
y no hacen hada
no entienden no saben no ven

buscan revisan estudian opinan hablan
mucho
pero no ven

el tipo no ve
lo que pasa
no sabe
lo que pasa

el Bloqueo de la función eléctrica del corazón

que quiere decir
que se rompió tanto
que se usó tanto
que no anda más
que va y se apaga
no puede
solo no puede

lo tienen que enchufar a otra cosa
a otro corazón
uno que hicieron ellos
que hizo él
El Profesional
es de él
es más duro
porque se lo hizo él.

Y primero lo ponen por afuera
por la piel
para que no se asuste el otro
el roto
el muerto
el que no anda
para que no se asuste

y si funciona
porque no se sabe
-hay que esperar-
es una medida de salvataje
y hay que ver
si funciona
si responde

entonces te abren
abierto
el profesional te abre
y te lo pone adentro
del tuyo
del roto
de muerto
del que no anda
pone el de él
y entonces no te morís
y seguís
pero no se sabe
– hay que esperar-

porque capaz no es eso
capaz es otra cosa
capaz es que me rompiste el corazón

pero capaz es eso
que se apaga
porque le falta fuerza
porque le sobra pena
porque ya no tiene
no puede
no tiene cómo
comunicarse
si no tiene como comunicarse 

si tiene

Bloqueo a la función eléctrica del corazón

pero como no sabe
qué tiene
qué es
que tiene
capaz se levanta
igual se levanta


y te lava un piso
te hace mandados
te escribe un poema
te da la vida
igual va y lo hace
capaz
no sabés

ni él sabe
porque está roto
muerto
no anda

no sabe qué tiene no sabe qué es
porque El Otro
El que Sabe
no lo ve
no se da cuenta
no entiende

que tiene enfrente
un corazón roto vivo que se murió

que se apagó
y que igual va
te limpia un piso
te escribe un poema
te da la vida

y que le falta que alguien
uno
que tenga ganas
el menos cobarde
uno
que le importe
que vaya y le ponga otro

primero de cerca
por afuera
por la piel
primero por la piel
-cutáneo se llama-

y si responde
– hay que esperar –
si responde entonces
ahí
es adentro
para que le lata de cerca, de al lado
al corazón roto
muerto
que no anda
para que le lata al lado y lo convenza
de que se puede
de que se arregla
de que no te morís
de esto

y ahí
si todo va bien
porque no se sabe
-hay que esperar-

entonces te abre
El Profesional
el menos cobarde
te abre

y se arregla
no se queda roto
muerto
que no anda.

Pero yo no sé
no sé si tengo eso
no sé qué tengo
no sé.

Sé que de a ratos
se apaga
se rompe
se muere.

No entiendo qué pasa
son segundos
3258 horas años segundos
que se apaga
pero sigue

igual te lava un piso
te escribe un poema
te da la vida.

Y yo me pregunto
por qué
si yo sé
si me acuerdo
me acuerdo de todas las veces que me rompiste el corazón

como ahora
como hoy
como ahora,
¿cómo sigue?

qué mierda quiere
qué tengo
qué tengo
y no sé pero creo
así, con un corazón roto
muerto
que no anda

me pregunto
por qué hoy es la peor
porque a veces son menos graves
¿por qué?
porque
es la última.

Se apagará tanto tan de golpe
que se rompe tanto tanto
que ya el tipo
el que sabe
El Profesional
el menos cobarde,
no tiene más remedio.

Y tiene que mirarla
en serio,
tiene que verla
rota, muerta, que no anda
de tanto probar
de tanto seguir
de tanto querer
vivir
tanto
y querer
tanto,

ahora tiene
que verla
que ver que no anda
que hay un

Bloqueo de la función eléctrica del corazón,

y entonces ir
con otro
con el de él,
ponerse cerca primero
primero por la piel
cutáneo
y adentro
después adentro de la piel
y después más adentro
abrirla
y ver
si no está tan roto
tan cansado
tan muerto

que si ve que el otro anda
entonces
como igual te lava un piso
te escribe un poema
te da la vida
va
y anda.

Y después vida normal
vida (cualquiera)
vida
sin síncopes
sin blac
sin zzzzz
una vida
sin morirse
sin que se apague.

Sin que me rompas el corazón
nunca más.