Acá no hay niñas ni buenas ni malas.

Durante el breve pero intensísimo proceso que llevó a la primera edición de La Marcha de las Putas – SlutWalk en Uruguay, hubo muchas cosas que se movieron. Hubo spammers, trolls, insultadores, ofendidos, preguntas, madrugadas, adhesiones, llantos, nervios, confesiones y testimonios. Y casi a último momento, llegó esto.

No hubo tiempo para incluirlo en el texto que leímos, pero fue compartido por teléfono y por mail por el equipo que organizó. Y nos hizo llorar a muchos. Por muchas cosas.

A mí me hizo llorar por tres razones fundamentales: la primera, por la pena que me da esa nenita de 14 años aprendiendo lo peor de la vida en 5 minutos. Y teniendo que callarlo por 8 años. La segunda, porque cuando leí pensé que había una diferencia entre los motivos que me llevaron a mí a la marcha y los de esta nena. Porque pensé “pobrecita, ella sí que no se lo buscó, como yo. Esta es una nena bien”. Y cuando me di cuenta que estaba pensando eso, me di cuenta que yo también creía que mis abusos estaban no justificados, pero explicados, por mi edad, actitud, comportamiento, etc.  Y lloré mucho, por esa otra nena que fui yo.

Y la tercera, que es lo mismo que la primera y la segunda, porque esta nena somos todas. Porque esa dicotomía entre santa y puta no existe. Porque seas alta, baja, joven, con ortodoncia, calladita, escandalosa, anoréxica, rellenita, metalera o bailarina de tap, es demasiado más probable de lo que debería que alguien alguna vez te va a hacer algo feo, solo porque existís y porque sos mujer.

Esta carta no llegó a ser leída en la Marcha, entre otras cosas porque hubo quienes consideraron que hacer llorar no era la idea, que nos hacía parecer débiles, que había que hacer algo diferente, que había que mostrarnos diferentes. Yo ya no tengo nada que ver con esa movilización así que no hay motivo para que diga nada sobre ese particular.

Yo creo que esta carta y el llanto que cause a cualquiera que tenga sangre en las venas no tiene nada de débil, ni de pesimista, ni nada de eso. Esta carta no puede ser más simple y no puede ser más cierta. Y no puede ser más terrible ni más esperanzada. Porque estoy segura que todas tenemos historias así, más o menos largas, más o menos  cinematográficas, más o menos curadas, pero todas iguales en algo; años después, seguimos pensando que hicimos “algo mal”.

Y lo único mal que podemos hacer es seguir viviendo así.

Aquí la carta de que no leímos. La que podíamos haber escrito todas.

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En algunos comentarios al respecto de la marcha he visto que proponen que las víctimas de abuso se sentirían ofendidas por el nombre del movimiento, dicen “Imagínense como se sentiría una muchacha abusada cuando lee esto”. Bueno, yo fui una víctima de abuso sexual y en esta propuesta he encontrado una luz que me está guiando al final de un túnel que hasta hoy, parecía eterno.

Quizá muchos piensen que es condenable hablar de esto en público porque “Pensá en tu futuro nena, ¿que va a decir la gente?”, pero es que realmente estoy cansada de esconderme tras una máscara de vergüenza, de culpa, de angustia y del maldito “¿Qué dirán?”. Por primera vez en 8 años quiero hablar del tema y quiero compartir mi historia, esperando que le sirva de algo a alguien más que esté en la misma situación.

Cuando tenía 14 años estaba en la casa de una amiga en una fiesta y había tomado bastante alcohol (porque en el interior no controlaban tanto en esa época a quién le vendían esas cosas). Fui adentro y me recosté cerca de la estufa porque todo me daba vueltas, en ese momento se acercó un muchacho con el que yo había “estado” (que en ese momento para mi significaba lo que significa ahora apretar) y comienza a besarme, yo no tenía muchas ganas pero tampoco tenía mucha fuerza para decirle que no. Empezó a caminar y llevarme junto con el en dirección al cuarto de los padres de mi amiga, le dije “No” con una voz suave, entonces nos metió al baño. Se sacó el pantalón, me lo sacó a mi, me puso de espaldas contra la pared, se puso un condón y entonces tuve mi primera relación sexual (aunque ahora pienso que él la tuvo por mi).

Me puse a llorar y le dije que no varias veces, que me dejara sin que él me hiciera caso hasta que retomé fuerzas y lo empuje diciéndole que por favor se fuera y me dejara sola. Accedió. Estuve un rato largo llorando hasta que mi amiga se decidió a ir a buscarme. No le dije nada, pero cuando salimos de la casa el ya le había contado a todos los que estaban afuera su versión de lo que había pasado. Me chiflaron y gritaron cosas como que era de “esas”, de las “fáciles”.

Me fui a casa con otra de mis amigas y cuando llegamos le conté lo sucedido, hasta hoy me acuerdo de lo que me dijo “Bueno, pero si entraste con el ahí era porque te gustaba y porque querías que te cogiera, no le podés decir que no. Ahora Jodete por puta.”.

Desde entonces decidí no decir nada y asumir la culpa que me correspondía, alguna vez se lo comenté a alguien que me dijo “Bueno, pero eso no es exactamente una violación”, y entonces comencé a excusarlo así cuando se lo comenté al siguiente alguien. Hasta hoy me cuesta asumir que esa decisión se tomó por mi y que yo no tengo la culpa, es más, aun ahora, tengo mis serias dudas mientras escribo esto.

La sociedad nos ha enseñado que todo lo que decimos será usado en nuestra contra y será reflejado tanto en el trato especial, el desprecio, la pena o la condena. Hablar no es bueno porque te convierte en un pobrecito. Las víctimas de abuso no somos pobrecitos cuando rompemos el círculo, dejamos de serlo cuando empezamos a hablar, cuando se nos escucha y comprende; pero principalmente cuando todos gritan a nuestro lado ¡NO es NO!

Más allá de los tecnicismos que han llevado a discusiones interminables, esta marcha con todo y su nombre controversial, es lo único que hasta ahora me ha dado el poder de hablar, lo que me hizo vomitar todo el asco que siento por estas situaciones reproducidas en las palabras groseras, crueles y denigrantes, de cada monstruo que te agrede al pasar por su lado en la calle.

Con esta declaración no pretendo salvar al mundo, ni considerarme un mártir, solo aportar mi experiencia como lo han hecho otros.

Ya no quiero callarme ni cargar con esta cruz, quiero que se convierta en un arma para mí y para todos en la lucha por el respeto, la tolerancia y la comprensión. Quiero dejar de sentirme culpable porque hayan abusado de mi cuando todavía era una niña.

Esta semana he llorado como nunca y he encontrado en otros que también marchan por la misma causa palabras que hacen que cada vez deje ir el sentimiento de culpabilidad que me aqueja pero es muy difícil. Cuando las cosas están marcadas a fuego en el alma es complicado que sanen solas, hace 8 años que sufro por esto en silencio pero hoy es hora de romperlo.

Quisiera agradecer a la persona que comunique mi mensaje con el mundo y terminar esta suerte de confesión con una línea de la película La fuente de las mujeres: ¿Por qué he de velarme, ocultarme? ¿Porque soy objeto de deseo? ¿Espíritu de Satán? Si tu padre no me hubiera deseado tu no estarías aquí. En la antigüedad se aconsejaba el velo para distinguir a las mujeres virtuosas de las mujeres esclavas, para respetaras. En otras épocas, la mujer no velada era una esclava, fácil de poseer. Hoy no hay más esclavas. Todas las mujeres son libres. ¡Y ninguna mujer, oye bien, debe ser fácil de poseer! Y si el hombre desea a la mujer que sea voluntad de Allah. Pero no debe volvernos esclavas ni cubrirnos. Y todo eso para ahogar sus deseos. ¡Cierren ustedes los ojos! Dominen sus impulsos, conserven el control, velen sus ojos, no nuestros rostros. ¡Despiértense! Si ellos son ciegos entonces miren por los dos. Levanten sus cabezas, como banderas ¡si no quieren terminar devoradas!

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