La soga es de género (8 de marzo)

Podría ser cualquiera porque en realidad son millones. Es un ejemplo cualquiera. De todos los ejemplos que todos los días rompen los ojos. Esta vez otra vez URUFARMA. Ahora usando la fecha en que se conmemora la lucha de cientos de mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia para vender unas pastillas más y volver a poner el foco en cualquier otra cosa menos en las mujeres; para que no olvidemos por qué es que hay un Día Internacional de la Mujer nos muestran que hasta en el día de la mujer hablan de varones. Como el año pasado.

Y otra vez desde la comodidad, y el lujo de ingenuidad que la comodidad regala, los aplausos y los pañuelos. Entendiendo todo mal. Feministas que festejan que las mujeres desaparecen del Día Internacional de la Mujer. ¿De qué te emocionás? Te venden la soga. No es una manera de decir. Te venden la soga con que los vas a colgar. Nada importa más, nada vale más, todo lo demás no importa y no es.

URUFARMA no representa la lucha de las mujeres por su liberación. No representa la convivencia justa, libre, entre varones y mujeres. Representa exactamente lo mismo que cualquier otra empresa de la industria farmacéutica que comercializa productos destinados a las mujeres. Venden anticonceptivos. Suponer que una empresa que vende anticonceptivos tiene algún aprecio por las mujeres es no saber lo que es una empresa ni lo que son y fueron los anticonceptivos. Y no tienen por qué ponerse a hilar tan fino que estamos hablando de algo muy básico, pero para la que quiera engancharse, podríamos pensar en la comercialización de anticonceptivos, a qué edades se empiezan a dar, cómo se le dice a las niñas que es bueno para su cutis, para su humor, para su regularidad, podríamos pensar qué hace eso con nuestros ciclos, con nuestras individualidades -todas tenemos que ser iguales de lindas todas con un humor aceptable igual todas relojitos, qué efectos tienen en nuestra salud, en nuestra fertilidad. Se podría pensar más cosas por el hecho de que justo se trate de un rubro tan pero tan ligado al control de la salud de las mujeres y a la sexualidad de las mujeres. Pero no hace falta. Alcanza con imaginar que una empresa del rubro frigorífico hace un spot donde los humanos cuidan y aman a los lechones en su día y que asombrosamente, varios lechones dicen ay gracias qué lindo me emocioné.

Te venden la soga con que los vas a colgar. Y te venden la soga con la que te cuelgan a vos.

Son el capitalismo y son el patriarcado y le pagan a tres hipsters para hacer un spot que haga lagrimear de emoción a gente que se niega a ver la realidad -bastante más sucia, sudada, entreverada y rica-y prefiere simular una paz de cartón.

No es prolijita. No es limpita. No fue a facultad, no se portó mal de las formas en las que está bien portarse mal, no va a  Valizas, no le fue bien en todo, no tiene iPhone, no está cómoda, no es UnTecho, no es Splenda. Yo no digo que sea fea, o que sea solo fea. Pero no es este cuento infantil mal libretado que nos taladra con lugares comunes, correcciones políticas y declaraciones huecas con filtro de Instagram y sonrisas campaña electoral. Es rara, es enorme. Es dolorosísima y peligrosa, y tiene vueltas y planes B por todas partes. Es triste y muy injusta y tiene segundos de belleza pura y brillante tirados por ahí.

La realidad es que vivimos en un sistema que desde hace seis mil años subsiste sobre el lomo y las lágrimas y lamento que no es lindo hashtag pero también mucha sangre de mujeres fregando, pariendo, sangrando, llorando, sembrando, soportando y tejiendo mucho más que pisos y trapos y plantitas y semillitas que plantan los nenes adentro cuando nos quieren mucho y así se hacen los bebés.

Es invisible. Es invisible a voluntad. Es invisible subliminal. Parece que no existe, que es un cuento de dinosaurios. Ahora no pasan esas cosas. Ahora las mujeres hacen lo que quieren. Ahora los varones lavan los platos y toman tragos con sombrillita. Pero el año pasado, en este país donde vivimos 4GatosLocos, hubo c u a r e n t a varones que antes o después de hacer yoga vegano de buena conciencia y nueva masculinidad corresponsable   de los progresismos alegres del cambio cultural, asesinaron a una mujer que les dijo que no o que ya no.

Pero además de esos 40 que vos dirás son pocos,  centenas de niñas a 10 minutos del MacDonalds de 18 y Ejido son, fueron pero son porque pasa todos los días, porque es la realidad sin instagram, violadas y vendidas por padres, padrastros y madres desesperadas en menos de lo que cuesta el Starbucks que te encantaría tomar. Pero además de esos cientos, hay niñas y adolescentes que en un frenazo de una camioneta, o en una entrevista de trabajo que resultó ser algo más, son vertidas en las tuberías inmundas de las redes de trata que alimentan la violencia y depredación de las mujeres conocida como industria sexual que, como el sistema voraz que la formenta y sostiene, no tiene países ni religión ni ideología más que el lucro y el sometimiento de las mujeres como instrumento y objeto de placer, desahogo y depósito de violencias y frustraciones acumuladas.

Pero además de estas demasiadas historias de horror y muerte, el sistema patriarcal y heterocapitalista en que malvivimos, nos lastima de maneras más pequeñas y naturalizadas. Nadie se horroriza pero sabe que un altísimo porcentaje de adolescentes de nuestro país y probablemente de casi todos los demás, considera “normal” que los chicos le revisen el celular a sus novias, y que ocasionalmente o si ella le da motivos, un empujón o un grito está “justificado”.

Nos dicen ya no es necesario luchar porque los tiempos cambiaron pero las mujeres uruguayas todavía no podemos decidir ni en nuestra propia cama. Las chicas jóvenes sufren la invasión presentada como halago cada vez que salen a la calle y conviven con la tortura de los paradigmas heteropatriarcales de belleza que nos tienen traumadas y autohambreadas para poder ser cogibles pero que no tenemos que hacerlo por eso sino por “nosotras mismas”, para querernos. Porque a nosotras también nos enseñan a querernos mal, por los motivos más aburridos e imbéciles. Se nos enseña que los que se pelean se aman, que si te cela te quiere, que tenés que sonreír más, que si no sos loca y malcogida y que hay que ser una señora en su casa y una puta en la cama y hay que ser madre, sacrificada y orgullosa y también buena esposa, tolerante y compañera y también camionazo emputecido porque si no te humillan por puta te humillan por frígida y vos quedás dando vueltitas para ver cómo cumplir tanto mandato y no te da tiempo a pensar que lo mejor que podés hacer es desafiliarte. Tan adentro estás que no ves la realidad y te parece que elegís.

Es invisible y te perfora los ojos si llegás a ver un pedacito. Por cualquier rendijita que te hagan a vos o a alguien que conozcas, se te cuela realidad. Es un segundo. Es una piña, un empujón, un “callate tarada”, un trabajo que perdés porque no querés quedarte fuera de hora con tu jefe, un tío que te toquetea a la vuelta de la playa, una amiga que te llama con la voz quebrada para pedirte si se puede quedar en tu casa, una feminista que dice lo mismo que vos sentís aunque vivió en otro continente hace unas décadas. Pero tenés que mirar.

Tenés que mirar aunque no querés. Porque si no mirás bien,  te encandilás. Te confundís. Te mareás con actos oficiales y campañas de sensibilización livianas y políticas públicas. Te pensás que el problema no existe o que el problema sos vos. Te venden la soga. Te la forran de raso, de seda negra, de 50 sombras, de empoderamiento, de taco aguja. Te venden la soga y te ahorcan con la soga.

Y vos te emocionás. Porque la equidad de género. El lenguaje inclusivo. Y tan emocionada estás que ni te das cuenta que hasta por esta porquería se quejan. Que la misoginia de los varones y la misoginia internalizada de las mujeres es tal que hasta por reclamar las limosnas de acciones afirmativas y que tengan la decencia de nombrarte cuando te hablan te van a acusar de autoritaria, de peligrosa, de fascista. Te van a odiar igual que si sos separatista y ofrecés castraciones gratuitas para machos. Porque ya te odian. Los malos te odian y los buenos también. Son sensibles, concientizados, con perspectiva de género. Conmemoran el 8 de marzo. Pero solo muestran hombres. “Culpan a los hombres de los prejuicios machistas”. “Y al fin y al cabo quién los crío así”.

Y vos podrías explicar que responsabilizar a las mujeres de criar machistas es igual que responsabilizar a un obrero de contribuir con la riqueza del patrón. Podrás explicar que si ven lucha de clases y no le exigen a un trabajador reunirse en su sindicato con el jefe no deberían obligarte a compartir todos los espacios y toda tu vida con varones. Podrías explicar de todo. Pero terminás pidiendo perdón porque el spot que hace una empresa farmacéutica que lucra con la hiperheterosexualización de las mujeres, que se enriquece con tu cuerpo y que en el día en que vos recordás que las mujeres no somos cosas ni clientes ni esclavas y que podemos levantarnos y luchar y que alguna vez alguno nos va a querer encerrar y prender fuego, pero que la alternativa es rompernos las rodillas postrándonos al paraíso hetero-romántico del empoderamiento que suena re lindo y color arcoiris pero es una telita de mierda y apenas corrés el velo te das cuenta que es la misma misoginia de siempre, es injusto con la gran cantidad de hombres buenos que co-cuidan y respetan y son “más feministas que las mujeres”.

Terminás dando gracias por la perspectiva de género. Igual que con Femen, las Marchas de las Putas y cualquier otro movimiento que actúe sin haber comprendido que la liberación de las mujeres es el único objetivo del feminismo que vale la pena -porque todo lo demás tiende a la opresión de las mujeres y habíamos acordado que eso estaba mal-, y que da bien lo mismo si somos oprimidas en burka o arriba de un taco aguja y que autoviolarte , autopegarte, autoenloquecerte, autotorturarte, autopornificarte y autohumillarte no diluyen ni una gota la jerarquía que cargás encima del lomo y adentro del vientre, con lo que la del reapropie y el reempodere terminan siendo un desastre que va para atrás mientras vos pedaleás frenéticamente convencida de que vas para adelante.

Como dice Gail Dines, una marxista inglesa que a veces tiene algún punto de unión con el feminismo radical, el neoliberalismo le limó los colmillos al feminismo, le sacó los dientes, se los desafiló con estas boludeces de “luchas” individuales (un oximoron peor que “inteligencia militar”, de “cambios de mentalidad” de “si pensás positivo y estás empoderada nadie puede hacerte daño ” que además de ser patéticas excusas, son mentira porque el Patriarcado es un sistema y la opresión de las mujeres es estructural, es sistémica, está en la raíz. Y vos vas toda empoderada a decirle a tu marido que como es un borracho timbero y cagador lo vas a dejar y él -que no está empoderado sino que tiene poder- te tira nafta arriba y después se pega un tiro y ahí saltan todas las libfeministas  a hacer coreografias y las feministas profesionales a imprimir folletos en papel coteado y organizar simposios las académicas y todo el mundo convencido de que cada vez hay más feminismo, y vos fuiste a dejarlo en todo tu derecho, fuiste empoderada, re-emputecida reapropiada toda muy crá y ahora tenés un cartel con tu nombre en una marcha de Mujeres de Negro y yo te hice una plaquita con el número de muerta que sos para poner de foto de perfil y varias escribimos unos textitos muy conmovedores y capaz salimos un rato ala calle a gritar que nos están matando como moscas y lloramos y después volvemos a casa, empoderadas pero una menos y ahí nomás leemos que alguno dice que a los gritos no vamos a conseguir nada y que así no es y todas decimos que tiene razón porque esta es una lucha de todos porque el “Patriarcado nos oprime a todxs” (Querer crear conciencia feminista diciendo que el privilegiado sufre. Como decirle al patrón que el capitalismo no le conviene porque el dinero no hace la felicidad) y pedimos más disculpas,y  hacemos más concesiones, y nos horrorizamos de las mujeres que dicen que no, y las odiamos, como corresponde y nos concentramos en cómo hacer nuestra lucha más atractiva para nuestros opresores, a ver si así nos quieren un poco, y en abandonar espacios de mujeres por espacios mixtos y en performar igualdad en un mundo desigual.

Te venden la soga con la que te tapan la boca. Y vos te la ponés contenta, en nombre de la igualdad de género. Si la perspectiva de género implica decir exactamente las mismas cosas que los defensores de los derechos de los varones (masculinistas, MRAs, etc), que “los hombres sufren más porque matan y se matan más” y ese tipo de imbecilidades, quizás sea momento de separar entre “etiqueta linda para grillete viejo” y “feminismo”, que al final, la lucha por la liberación de las mujeres (sin la cual la igualdad que decís que querés no puede existir, salvo que sea igualdad al revés y quieran empezar a ser violados, traficados, asesinados por sus ex es y prostituídos como nosotras) es eso.

Te venden la soga para colgarte de la derecha y de la izquierda. (Todas las izquierdas) (Siempre). (Siempre).  Te venden 8 de marzo de flores y de bombones. Te venden talleres de maquillaje y sorteos de electrodomésticos. Te venden pastillas anticonceptivas y te venden buena conciencia. Te venden a vos.

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Te la venden de los dos lados. (foto original aquí)

Dejá de comprar. Desafiliate. El 8 de marzo es un día de lucha, es un día de conquista. Es un día feminista. De género, las cortinas. De varones, todo lo demás. Hoy no.

Hoy vos, hoy mujeres, hoy menstruación, hoy aborto, hoy Pan y Rosas, hoy Feminismo Radical, hoy separatismo, hoy Valerie, hoy mujeres incendiadas en la fábrica de camisas, hoy Flora, hoy mujeres iniciando la Revolución Rusa y hablando de amor libre y guarderías, hoy Simone, hoy Aleksandra, hoy abolicionismo, hoy niunamenos, hoy cuestionar la heterosexualidad como destino, hoy adiós amor romántico, hoy Andrea, hoy niputasnisantas, hoy todo lo que construimos y todo lo que nos fue robado, hoy lesbianismo político, hoy nuestros sueños, hoy nuestro deseo, hoy todo con A, cuerpa, besas, vida. Hoy las mujeres.

Tienen todos los demás días. Tienen todos los días desde hace 6000 años hasta hoy. Pero hoy no. Porque las sogas de género ahorcan igual. Porque hoy recordamos que seguimos luchando para vivir. Que seguimos hermosamente vivas, que seguimos dolorosamente unidas, que seguimos tercas y rabiosas, amándonos contra todas las reglas, que seguimos luchando por un mundo sin opresiones solas y mal acompañadas pero firmes. Que nos queremos vivas. Que nos queremos libres. Que somos mujeres. Que lo único que podemos ser es feministas o felpudos. Que no somos felpudos. Que las mujeres somos gente.

8 de marzo – Día de Lucha. (En Uruguay).

#MásFeminismoMenosMierda.

vivafeminismo1936

 

 

 

 

 

 

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Acá no hay niñas ni buenas ni malas.

Durante el breve pero intensísimo proceso que llevó a la primera edición de La Marcha de las Putas – SlutWalk en Uruguay, hubo muchas cosas que se movieron. Hubo spammers, trolls, insultadores, ofendidos, preguntas, madrugadas, adhesiones, llantos, nervios, confesiones y testimonios. Y casi a último momento, llegó esto.

No hubo tiempo para incluirlo en el texto que leímos, pero fue compartido por teléfono y por mail por el equipo que organizó. Y nos hizo llorar a muchos. Por muchas cosas.

A mí me hizo llorar por tres razones fundamentales: la primera, por la pena que me da esa nenita de 14 años aprendiendo lo peor de la vida en 5 minutos. Y teniendo que callarlo por 8 años. La segunda, porque cuando leí pensé que había una diferencia entre los motivos que me llevaron a mí a la marcha y los de esta nena. Porque pensé “pobrecita, ella sí que no se lo buscó, como yo. Esta es una nena bien”. Y cuando me di cuenta que estaba pensando eso, me di cuenta que yo también creía que mis abusos estaban no justificados, pero explicados, por mi edad, actitud, comportamiento, etc.  Y lloré mucho, por esa otra nena que fui yo.

Y la tercera, que es lo mismo que la primera y la segunda, porque esta nena somos todas. Porque esa dicotomía entre santa y puta no existe. Porque seas alta, baja, joven, con ortodoncia, calladita, escandalosa, anoréxica, rellenita, metalera o bailarina de tap, es demasiado más probable de lo que debería que alguien alguna vez te va a hacer algo feo, solo porque existís y porque sos mujer.

Esta carta no llegó a ser leída en la Marcha, entre otras cosas porque hubo quienes consideraron que hacer llorar no era la idea, que nos hacía parecer débiles, que había que hacer algo diferente, que había que mostrarnos diferentes. Yo ya no tengo nada que ver con esa movilización así que no hay motivo para que diga nada sobre ese particular.

Yo creo que esta carta y el llanto que cause a cualquiera que tenga sangre en las venas no tiene nada de débil, ni de pesimista, ni nada de eso. Esta carta no puede ser más simple y no puede ser más cierta. Y no puede ser más terrible ni más esperanzada. Porque estoy segura que todas tenemos historias así, más o menos largas, más o menos  cinematográficas, más o menos curadas, pero todas iguales en algo; años después, seguimos pensando que hicimos “algo mal”.

Y lo único mal que podemos hacer es seguir viviendo así.

Aquí la carta de que no leímos. La que podíamos haber escrito todas.

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En algunos comentarios al respecto de la marcha he visto que proponen que las víctimas de abuso se sentirían ofendidas por el nombre del movimiento, dicen “Imagínense como se sentiría una muchacha abusada cuando lee esto”. Bueno, yo fui una víctima de abuso sexual y en esta propuesta he encontrado una luz que me está guiando al final de un túnel que hasta hoy, parecía eterno.

Quizá muchos piensen que es condenable hablar de esto en público porque “Pensá en tu futuro nena, ¿que va a decir la gente?”, pero es que realmente estoy cansada de esconderme tras una máscara de vergüenza, de culpa, de angustia y del maldito “¿Qué dirán?”. Por primera vez en 8 años quiero hablar del tema y quiero compartir mi historia, esperando que le sirva de algo a alguien más que esté en la misma situación.

Cuando tenía 14 años estaba en la casa de una amiga en una fiesta y había tomado bastante alcohol (porque en el interior no controlaban tanto en esa época a quién le vendían esas cosas). Fui adentro y me recosté cerca de la estufa porque todo me daba vueltas, en ese momento se acercó un muchacho con el que yo había “estado” (que en ese momento para mi significaba lo que significa ahora apretar) y comienza a besarme, yo no tenía muchas ganas pero tampoco tenía mucha fuerza para decirle que no. Empezó a caminar y llevarme junto con el en dirección al cuarto de los padres de mi amiga, le dije “No” con una voz suave, entonces nos metió al baño. Se sacó el pantalón, me lo sacó a mi, me puso de espaldas contra la pared, se puso un condón y entonces tuve mi primera relación sexual (aunque ahora pienso que él la tuvo por mi).

Me puse a llorar y le dije que no varias veces, que me dejara sin que él me hiciera caso hasta que retomé fuerzas y lo empuje diciéndole que por favor se fuera y me dejara sola. Accedió. Estuve un rato largo llorando hasta que mi amiga se decidió a ir a buscarme. No le dije nada, pero cuando salimos de la casa el ya le había contado a todos los que estaban afuera su versión de lo que había pasado. Me chiflaron y gritaron cosas como que era de “esas”, de las “fáciles”.

Me fui a casa con otra de mis amigas y cuando llegamos le conté lo sucedido, hasta hoy me acuerdo de lo que me dijo “Bueno, pero si entraste con el ahí era porque te gustaba y porque querías que te cogiera, no le podés decir que no. Ahora Jodete por puta.”.

Desde entonces decidí no decir nada y asumir la culpa que me correspondía, alguna vez se lo comenté a alguien que me dijo “Bueno, pero eso no es exactamente una violación”, y entonces comencé a excusarlo así cuando se lo comenté al siguiente alguien. Hasta hoy me cuesta asumir que esa decisión se tomó por mi y que yo no tengo la culpa, es más, aun ahora, tengo mis serias dudas mientras escribo esto.

La sociedad nos ha enseñado que todo lo que decimos será usado en nuestra contra y será reflejado tanto en el trato especial, el desprecio, la pena o la condena. Hablar no es bueno porque te convierte en un pobrecito. Las víctimas de abuso no somos pobrecitos cuando rompemos el círculo, dejamos de serlo cuando empezamos a hablar, cuando se nos escucha y comprende; pero principalmente cuando todos gritan a nuestro lado ¡NO es NO!

Más allá de los tecnicismos que han llevado a discusiones interminables, esta marcha con todo y su nombre controversial, es lo único que hasta ahora me ha dado el poder de hablar, lo que me hizo vomitar todo el asco que siento por estas situaciones reproducidas en las palabras groseras, crueles y denigrantes, de cada monstruo que te agrede al pasar por su lado en la calle.

Con esta declaración no pretendo salvar al mundo, ni considerarme un mártir, solo aportar mi experiencia como lo han hecho otros.

Ya no quiero callarme ni cargar con esta cruz, quiero que se convierta en un arma para mí y para todos en la lucha por el respeto, la tolerancia y la comprensión. Quiero dejar de sentirme culpable porque hayan abusado de mi cuando todavía era una niña.

Esta semana he llorado como nunca y he encontrado en otros que también marchan por la misma causa palabras que hacen que cada vez deje ir el sentimiento de culpabilidad que me aqueja pero es muy difícil. Cuando las cosas están marcadas a fuego en el alma es complicado que sanen solas, hace 8 años que sufro por esto en silencio pero hoy es hora de romperlo.

Quisiera agradecer a la persona que comunique mi mensaje con el mundo y terminar esta suerte de confesión con una línea de la película La fuente de las mujeres: ¿Por qué he de velarme, ocultarme? ¿Porque soy objeto de deseo? ¿Espíritu de Satán? Si tu padre no me hubiera deseado tu no estarías aquí. En la antigüedad se aconsejaba el velo para distinguir a las mujeres virtuosas de las mujeres esclavas, para respetaras. En otras épocas, la mujer no velada era una esclava, fácil de poseer. Hoy no hay más esclavas. Todas las mujeres son libres. ¡Y ninguna mujer, oye bien, debe ser fácil de poseer! Y si el hombre desea a la mujer que sea voluntad de Allah. Pero no debe volvernos esclavas ni cubrirnos. Y todo eso para ahogar sus deseos. ¡Cierren ustedes los ojos! Dominen sus impulsos, conserven el control, velen sus ojos, no nuestros rostros. ¡Despiértense! Si ellos son ciegos entonces miren por los dos. Levanten sus cabezas, como banderas ¡si no quieren terminar devoradas!

Violaciones correctivas de lesbianas: ‘Vamos a enseñarte una lección’

artículo original: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/25/solidaridad/1301053048.htmlImage

“Te vamos a enseñar una lección”. Esas son las primeras palabras que Ndumi Funda, directora de la ONG Luleki Sizwe explica que escuchan las víctimas de las conocidas como ‘violaciones correctivas de lesbianas’. Una macabra clase de masculinidad para “enseñar que son mujeres, no hombres”. Tras la violación, en muchas ocasiones, llega el Sida, el rechazo social, el desprecio de la policía y la muerte. Un susurro mortal que “sentimos cada día como una amenaza constante”.

Ndumi lidera un movimiento social con otras ONG sudafricanas que han conseguido llegar hasta el mismo Parlamento. Con la ayuda, entre otras, de la organización estadounidense change.org han llevado hasta el despacho del ministro de Justicia 176.000 firmas recogidas en 163 países.“Es la campaña internacional de recogida de firmas más importante de la Historia de Sudáfrica”, explica Benjamin Joffe-Walt, responsable de comunicación de la campaña. Eso sí, menos de un 2% de las firmas son sudafricanas.

“El ministro ha prometido cambios inminentes y ayudas personalizadas a las víctimas. Hay una nueva reunión en cuatro semanas para aclarar propuestas”, anuncia Benjamin.

La importancia del nombre en África

‘Creé esta organización después de que mi pareja fuera violada por cinco hombres y acabara muriendo de Sida’

Ndumie ha sido también víctima de las violaciones. No directamente, lo fue su pareja. “Creé la ONG en 2008 para luchar contra la violencia que sufren las lesbianas en los township de Ciudad del Cabo (barriadas hacinadas de gente que vive en condiciones miserables a las afueras de la ciudad), tras ver morir a mi novia en 2007”, recuerda. “Sizwe (su pareja) fue violada por cinco hombres que pretendían corregir su desviada conducta. Al principio no dijo nada, ni a sus padres. Luego confesó la violación por la que se infectó de Sida, y acabó muriendo por una meningitis. Fue una historia muy triste”.

Antes, en 2005, prosigue Ndumie, “Luleki era una conocida lesbiana que no escondía su sexualidad. Trabajaba para la comunidad, luchando contra la violencia que sufren las mujeres y ayudando a la gente más pobre. Un día fue violada por su primo, que explicó que lo hizo para ‘enseñarla que no era un hombre’. Murió tras contraer el Sida”, recuerda. “En África los nombres son muy importantes, por eso el nombre de esta organización lleva el de ambas”.

Pero la pesadilla de una lesbiana violada no termina con la agresión. El rechazo de la sociedad y la policía, junto a un más que probable contagio del Sida, son los siguientes pasos. “La Policía es muy homófoba. En muchas ocasiones la lesbiana va a denunciar y ni siquiera es escoltada para volver a su casa. Tiene que esperar aterrorizada en la parada del autobús o compartir minibús con sus violadores”, denuncia Ndumie. Muchas, de hecho, optan por ni siquiera denunciar los hechos.

“Hubo diez denuncias en una semana y la Policía no hizo nada. En los últimos dos años han muerto más de diez lesbianas violadas”, recuerda, mientras comienza a contar en voz alta sus nombres.

Rechazo de abogados, médicos, familias

‘La Policía es muy homófoba. En muchas ocasiones la lesbiana va a denunciar y ni siquiera es escoltada para volver a su casa’

Hay un evidente rechazo social al problema. “Los violadores forman parte de nuestros barrios. Los agentes los conocen y prefieren no detenerlos. Las familias rechazan en muchos casos a las hijas, hermanas… que declaran su homosexualidad. Los testigos y médicos no acuden a los juicios, los abogados no quieren defenderlas, lo que hace que sea un proceso interminable”.

Su día a día es parecido. “Yo nunca entro en un bar de los township, sé que corro peligro. Si hacemos una reunión es en una casa, encerradas, yninguna sale a la calle a partir de las ocho de la tarde“.

Luego llega la enfermedad. “Muchos de los violadores son ex convictos que han sido violados en la cárcel. Tienen Sida, lo que acaba siendo una sentencia de muerte para nosotras”. El rechazo se extiende también a sus hijos. “Muchas tenemos hijos y si en la escuela se enteran que su madre es lesbiana son apartados”.

Sin embargo, la campaña ha abierto una nueva puerta a la esperanza. “Trabajamos en una asociación que tiene 350 mujeres. Tenemos dos equipos de fútbol y estamos creando uno de rugby. Hacemos obras de teatro y empezamos a perder el miedo a salir a la calle. La gente viene a vernos”.

‘Las familias rechazan a sus hijas, hermanas… Los testigos y médicos no acuden a los juicios..’

¿Qué le pides al ministro? “Una nueva legislación que califique la violación de lesbianas como un agravante, protección policial y ayudas a las víctimas. Les votamos para que nos protejan, no para que nos olviden”, concluye.

Lo curioso es que Sudáfrica tiene una legislación especialmente dura contra las violaciones, una lacra social, y fue el primer país africano en legalizar el matrimonio homosexual y en penar la discriminación sexual. La presión internacional ha conseguido que las voces de las víctimas sean ahora escuchadas en el Parlamento.

Por qué fui a la Marcha de las Putas

Porque a los 12 años un tipo me dijo que me quería y me puso la pija en la boca. Y yo pensé que me estaba “cuidando” porque no me había cogido.

Porque en el secundario me decían que era una puta. Era virgen. Solo leía más libros que las demás, hablaba de más cosas que las demás, usaba otra ropa que las demás.

Porque tuve un novio que me decía “vení, putita”. Y yo iba.

Porque crecí pensando que era demasiado flaca, demasiado fea, demasiado loca, demasiado puta, y ahora que soy demasiado gorda, y sigo demasiado loca y demasiado puta veo fotos de ese entonces y me doy cuenta que era preciosa.

Porque mi primera vez duró 6 segundos y fue solo un dolor inmenso y sábanas manchadas que tuve que lavar porque era la casa de él y su madre no podía ver eso. Por haberlo hecho, me gané más nombretes de “puta” entre mis “amigas”.

Porque más de una vez un tipo me cargoseó y cargoseó hasta que accedí a dormir con él. Y no quería. Pero a veces tenía miedo a que se enojaran, a veces tenía miedo a que no me quisieran, a veces pensaba que era lo menos que podía hacer yo si les había “dado pie” para que se me tiraran arriba. Porque quién me manda ser tan puta.

Porque cuando quedé embarazada a los 17 no estaba segura de quién era el padre.

Porque cuando me di cuenta quien era, no le dije nada porque era alguien más grande que yo, más importante que yo en el lugar donde estaba y yo iba a quedar como una estúpida que cometió ESE error. Porque cuando se enteró que estaba embarazada, se hizo el bobo.

Porque cuando aborté, se supo que efectivamente era una puta. Las decentes no se embarazan y si se embarazan, los tienen.

Porque un ex me dijo que era una asesina. Y tenía razón. Pero al mismo tiempo no la tenía. Y porque lo último que pensé antes de dormirme por la anestesia fue “acá me voy a morir porque esto es una casa y esta vieja no sabe nada. Y bueno, me la banco, al fin y al cabo, me lo busqué por puta”. Y pudo haber sido mi último pensamiento en la vida.

Porque tuve amigas que quise tanto que me acosté con ellas. Porque a veces las extraño.

Porque estuve años con un tipo que organizaba orgías creyendo que por participar era más libre que las que me decían puta. Aunque muchas veces me sentía mal.

Porque en un trabajo un tipo me hizo llevarle un café y cerrar la puerta. Y cuando dije que no, me echó. Y mis amigos me dijeron que era natural que él se hubiera confundido porque yo era muy “confianzuda” y usaba pollera muy corta.

Porque cuando no me decidía si quería estar con mujeres o con hombres, pensaba que era solo “cosas de puta” para llamar la atención. Y porque los hombres pensaban que les contaba eso para regalarles a ellos una “fiestita”.

Porque de niña, un familiar me manoseó, y yo pensé que seguramente yo me lo había inventado de puro mal pensada que era, de puro puta.

Porque a veces me gusta tanto coger que no quiero parar en todo el día. Y me parece que eso es “de puta”.

Porque me daba culpa que con ellos no podía alcanzar el orgasmo y conmigo sí.

Porque no sabía que a ellos no les importaba si llegaba o no, salvo por su ego de macho.

Porque cuando salía de mi casa, me decían que así me iban a violar, por andar tan provocativa.

Porque me acostumbré tanto a que me gritaran groserías por la calle, que cuando me las dejaron de gritar pensé que era fea y vieja.

Porque cuando perdí un embarazo pensé que era un castigo por puta, por haber abortado de chica.

Porque me gusta pensar y opinar y más de un hombre que me ha querido coger me ha dicho que eso era algo masculino, “una cosa medio lésbica, tanguera”, dijo. Y sonaba como un defecto.

Porque en todos mis años nunca jamás conocí a nadie “decente” cuando lo mirás de cerca.

Porque digo palabrotas y digo cosas personales en medio de temas “serios”. Como acá. Y la gente se escandaliza.

Porque a veces me gusta mucho mucho coger, y a veces no me gusta nada. Y eso no debería tener nada de malo.

Porque no tengo nada de raro. Porque esto le pasa a todo el mundo. Porque una de cinco mujeres sufre algún tipo de abuso sexual antes de los 30. Eso es mucha gente.

Porque tengo hijos. Y merecen no crecer como abusadores ni abusadas.